Visite nuestro bar – @Mous_Tache

Mous_Tache @Mous_Tache, krakens y sirenas, Perspectivas

Hay que ser muy hábil para que te Teo te invite a una copa en el Rotterdam. Muy hábil o estar muy roto.

Teo es una pieza más de la maquinaria ideada para hacer dinero de este bar, porque esto es un bar. Ponemos copas, la gente baila, disponemos de portero y aparcacoches, un escenario y chicas que ejecutan su espectáculo cada media hora.

Y ahora le toca a ella. Suenan las guitarras distorsionadas de Welcome to the Jungle.

Teo, reclinado sobre la barra, mira al chaval que no debe tener más de veinticinco o treinta años y luego dirige su mirada al escenario. Éste se gira sobre la silla dispuesto a contemplar la función.

Pelo a lo afro, piel morena y la espalda tatuada. Le tapan más los zapatos de plataforma que el tanga siendo esta su única indumentaria. Ahora se contonea con movimientos medidos, estudiados, salvajes, dirigiendo miradas desafiantes a los asistentes. A todos excepto a él. Para él su mirada es una mezcla entre ternura y desaprobación. Lleva meses viniendo al Rotterdam casi a diario.

Termina la música, con ella en el suelo, la espalda arqueada y brazos en alto. Lo ha vuelto a mirar hace un instante, justo antes de terminar su baile. Ahora ya no, ahora reparte miradas contenedoras de promesas lascivas a todos menos a él.

Diez minutos más tarde sube las escaleras situadas al fondo de la sala tirando de la mano de un encorbatado caballero, más por su vestimenta que por sus gestos y absurda sonrisa mientras éste es jaleado por otros que deben ser amigos suyos. ¿Guinda del pastel del cierre de un buen negocio?. Lo he visto muchas otras veces.

Teo agita en una coctelera algún preparado que sirve en una copa al chaval. Hace el ademán de pagar y Teo lo rechaza con un leve movimiento de mano y un guiño. ¿Segunda invitación? Pensé que tendría el corazón roto, ahora creo que necesita un corazón.

Estamos cerrando. La noche se acaba. Quedan muy pocos clientes en el local.

Ella se prepara a irse junto a varias compañeras. Viste unos tejanos rotos y se abriga con una cazadora de cuero. El maquillaje y las pestañas postizas han quedado en el camerino, que no es más que un sucio cuarto con dos espejos inundado por cajas vacías de refrescos y cerveza.

Al pasar al lado del chaval, se detiene y le vuelve a mirar. Los ojos de lince han perdido su fiereza.

– ¿Porqué no te vas a casa?

– Voy a intentar engañar una vez más a Teo y me voy. ¿Cómo te llamas?

– Brigitte…., Laura, me llamo Laura.

Ella le ha besado, no es un beso de consolación pero tampoco es una promesa. Y se aleja acariciándole la cara con los dedos para terminar haciéndolo con las uñas postizas.

– Teo, ¿una copa más?

Sabe que no conseguirá su objetivo. Ya no queda nadie más. La noche terminó.

Teo pasa su mano a través del pelo largo del chico, asiendo su cuello y acercándolo hacia él en actitud cariñosa.

– Hay amores que deberían ser y que no pueden ser. ¿Nos visitarás mañana?

Puedes seguir a @Mous_Tache en Twitter