Vidas paralelas – @Patryms

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Las medias retorcidas, el vestido arrugado, el flequillo indomable, el cigarrillo a medias con la prisa, las botas enharinadas, el bolso abierto y las llaves enganchadas en el dedo meñique.

Había pasado una mala época; una época de esas de libro que pervive entre el lustro y la excusa, pero desde hacía algún tiempo se sentía mejor. Hasta hace un año, hacía años que no necesitaba llevar un inhalador, años que no se dormía antes de las doce, que no dejaba las puertas abiertas, se cortaba el pelo o se presentaba a un extraño. Le resultaba divertido no ser capaz de encontrar donde o por qué, desde hacía un año, había en algún rincón un interruptor encendido. Y aunque el ruido exterior no la hacía sentir más acompañada, curiosamente, el ruido dentro de su cabeza había conseguido que su voz se escuchase más alto y mucho mas claro.

“Y aun así…” se repetía. Dio un par de caladas y apagó el cigarro; se sacudió las medias, e intentó estirar un poco la falda de su vestido.

-¿Puedo?

-Sí – afirmó. El hombre que se había sentado al lado de ella aunque mayor, parecía nuevo en el mundo. Miraba atentamente a su alrededor sin perder la discreción. Asentía sutilmente, repasaba con pausa la gente que pasaba frente a ellos, y olía a talco.

-Tú no sueles venir por aquí ¿verdad?

-Hice una parada para descansar y me he entretenido. He caído a gusto – hizo una mueca al darse cuenta de que había pensado en voz alta, pero acabó la frase – y así es más fácil pensar.

-Aquí es fácil pensar, recordar, e incluso imaginar – dijo él. – Es fácil ver la gente pasar e imaginar hacia donde van o quién les espera al llegar. Es divertido pensar en ser aquel hombre trajeado o ponerse un momento en la piel de esa chica que mueve los dedos más rápido que los pies. Y es muy fácil recordar lo que éramos y mirar lo que somos.

-Yo no llego a tanto. No estoy ni a la mitad de lo que se supone que será y no sé si quiero recordar lo que era, y de lo que quería ser… Siempre he tenido la manía de soñar despierta, así que desde que me recuerdo, todo ha sido crear una película poco autobiográfica y en tres dimensiones. Lo que querías ser, cómo te querías ver, cómo sería con quien estarías, qué pasaría este día, qué harías al llegar allí… Me he dedicado a saltar de tiempo a tiempo verbal sin darle la oportunidad de dejar el condicional ni al futuro ni al pasado.

Suspiró pensando en disculparse por el rollo que acababa de soltarle. Al fin y al cabo, aquel pobre hombre seguramente sólo tenía la intención de no hacer incómodo aquel banco sin tener que hablar del tiempo.

-Así que – preguntó con interés – te has dedicado a crear una imagen que pudieras ir viendo y que siempre fuese algunos pasos por delante de ti.  Has descosido la sombra pegada a tus pies y la has plantado justo en frente.

-Sí, algo así.

-¿Y los puntos de partida?

-No pensé que fueran necesarios. Al crear dos líneas, dos vidas paralelas, se comparan y una y otra se van… casi siempre restando.

-Y, ¿no crees que una debería ser el punto de partida hasta que se cruce con la otra?

-Las paralelas nunca se cruzan…

Aquel hombre se quedó callado un momento mientras ella pensaba en cómo había llegado a divagar de ese modo con un completo desconocido. Cuando lo miró, él se rió afable y bajó la voz…

– ¿Sabes? Creo que si las paralelas nunca se cruzan, deberías pintar un paso de peatones.

 

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