Tres balas – @Macon_InMotion

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El cuarto estaba a oscuras, iluminado sólo parcialmente por la luz de una farola que entraba por la ventana y por la niebla que llevaba emitiendo diez minutos el pequeño televisor que coronaba la única mesa de la habitación. Todo era barato en aquel motel, la vida incluída. Había una persona tumbada boca arriba con un agujero de bala en la frente y una mueca de sorpresa desdibujando su cara, como si aún no se explicase de qué manera su verdugo lo había encontrado. Pero lo había hecho. Lo había hecho y ahora este llevaba diez minutos mirando al que había sido primero su amigo, luego su socio, más tarde su Judas y finalmente… su víctima. Cinco únicas palabras le había dirigido desde que irrumpiese en la mohosa habitación hasta que terminó con su vida después de un débil forcejeo que acabó con un jarrón hecho pedazos y un cartón de leche derramado por la moqueta. «Esta bala lleva tu nombre». Cinco únicas palabras como cinco martillazos inmisericordes. «Esta bala lleva tu nombre».

Una sirena sonando ahí fuera, en la calle, lo sacó de su ensimismamiento. Era difícil precisar si el sonido se acercaba o se alejaba, aunque a aquella hora de la noche era fácil pensar que la policía sabría de sus intenciones y le estaría siguiendo los pasos. Tenía que darse prisa. Una de las tres personas que le habían arruinado la vida ya estaba muerta. Quedaban dos. Media hora más tarde, empapado en sudor por la carrera, había encontrado al segundo objetivo: la persona que había dado el chivatazo a la policía para salvar su propio pellejo, a pesar de estar tan implicada como él mismo. Su hermana.

Decir que la había encontrado no era del todo correcto, él sabía dónde buscar; en el Kennedy, el bar en el que llevaba trabajando desde los dieciseis. Allí estaba ella, limpiando distraídamente un vaso cuando le vio aparecer por el marco de la puerta, con las luces que emitía una máquina tragaperras reflejándosele en su cara. Parecía tranquilo, extrañamente tranquilo. El rostro de ella perdió todo color y expresividad, quedando petrificada ante tal visión. Dejó caer el vaso al sucio suelo, estallando al contacto con este en mil pedazos y sobresaltando a los dos únicos clientes que allí se encontraban en aquel momento.

«Esta bala lleva tu nombre» dijo él, al tiempo que sacaba la pistola del bolso interior de su raída cazadora de cuero y avanzaba hacia la barra. Con un movimiento de cabeza en dirección a la puerta de la calle dio a entender a los dos clientes, visiblemente borrachos, que debían marcharse del local inmediatamente. No hizo falta repetirlo, los dos hombres se esfumaron en segundos. Imaginó que alguno de ellos llamaría a la policía. Daba igual. Además, ya le estaban buscando.

Ella ni siquiera intentó huir. Llevaba el fatalismo escrito en el rostro y miró a su hermano estoicamente, reprimiendo las lágrimas, sin perder la compostura. Era perfectamente consciente de que el partido se terminaba para ella, había jugado sus cartas y había perdido. Como todos. El tipo apoyó el cañón sobre la frente de su hermana. No se dijeron nada, no hacía falta.

El disparo retumbó por todo el local. La sangre salpicó el mostrador trasero, manchando botellas, copas y la caja registradora mientras ella caía, inerte, en trágica cámara lenta.

Con los oídos aún pitándole por el estruendo del disparo cogió una botella de bourbon y se sirvió un vaso. No pudo evitar mirar de reojo el cadáver de su hermana. Esperaba que en cualquier momento entrasen un par de agentes de policía, pero nada ocurría. Iba a tener tiempo. En el bar reinaba ahora el pesado silencio de la muerte.
Apuró el vaso y giró sobre si mismo, lentamente, hasta encontrarse de frente con el espejo que ocupaba buena parte de la pared. Tanto ropa como rostro estaban manchados con la sangre de su hermana, pero a él hacía tiempo que había dejado de importarle cualquier cosa. Ya únicamente quedaba viva una de las tres personas que le habían arruinado la vida.

Sin dejar de mirar a los ojos de su reflejo en el espejo dijo entre dientes «esta bala lleva tu nombre» y se metió la pistola en la boca.

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