Su juguete favorito – @KalviNox

Kalvi Nox @KalviNox, krakens y sirenas, Perspectivas

No llegó a sonar el despertador de su móvil y ya tenía los ojos abiertos. Acostada en la cama junto a él le observaba sin parpadear, sus labios, su pelo, sus manos grandes y su torso desnudo, capaz de hacer realidad las fantasías de cualquier mujer.

Respiró hondo mirando todo aquello, pero suavemente, quizá temiendo a que se convirtiese en suspiro. Parpadeó un instante quitándose esa idea de la cabeza. Pensó en la noche anterior, desde el momento en el que le mandó el mensaje pidiéndole una nueva cita, otra, de tantas, hasta que abrió los ojos hace unos instantes.

Le miraba atenta, sabía que le tenía a sus pies, a su merced, un simple hola y ya notaba en sus ojos el deseo, la voz entrecortada que le hacía saber que aquel hombre estaba perdidamente enamorado. Y sin embargo ella nunca le demostró ni una pizca de sentimiento, usaba esa atracción para sacar de él los sentimientos más puros, más íntimos, llegaba hasta donde un hombre deja de ser hombre y es todo fragilidad. Ese punto en el que alguien puede pensar que su ser no le pertenece.

Pensó en las veces que le había preguntado por ella, por sus sentimientos y que había esquivado llevándole a la cama de la mano, desnudando su cuerpo y su alma hasta hacer perder cualquier interés en la conversación, allí donde se pierde la noción del tiempo y la palabra. Sus caricias le cegaban, su manera sensual de desnudarse ante él le enloquecían, encima de él se movía llevándole a la locura. Le sentía dentro, una y otra vez, sabía que aquél hombre se debatía entre el amor y la pasión. Le miraba a los ojos mientras la tomaba, escondiendo sus gemidos en sonrisas. Aquello rayaba la humillación, y sin embargo le hacía seguir hasta acabar exhausto, incapaz de pedir explicaciones, durmiendo entre suspiros junto a ella.

Los primeros rayos de sol  entran  por la ventana, ella sigue mirando a su juguete favorito. Recuerda como hace muchos años aquel hombre la humilló delante de sus amigos, rompiéndole el corazón en mil pedazos, recordando como aquel dolor la hizo más fría, pero más fuerte, esperando el momento de hacerle pagar por lo que hizo. Y así una y otra vez. Lo que para él era olvido, para ella era una batalla contra sí misma que ganaba cada vez que doblegaba la voluntad de aquel hombre.

Ya estaba cansada de ese juguete, era hora de abandonarlo.

Suena el despertador, lo apaga deprisa, y sin hacer ruido se levanta, se viste y antes de marchar como tantas veces, hoy le deja una nota en la almohada.

La nota dice: 《No puede doler lo que no se siente. Adiós para siempre, juguete》.

 

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