Smells Like Teen Spirit – @Darkvelvet1

Darkvelvet1 @Darkvelvet1, krakens y sirenas, Perspectivas

“Cuando eres joven, no importa casi nada y cuando encuentras algo que te gusta, es todo lo que tienes”.
Kids (1995)

 

La nostalgia es mi particular némesis, mi negativa a sobrevivir al pasado.

Así que cumplir años hoy, no ayuda mucho.

No me voy a despedir de esta soñadora cínica y medio loca.

Lo que soy, estos cuarenta años de piel enrojecida. Lo voy a ser igual.

Porque mi memoria es una piedra y a mi me duelen los huesos como a Sísifo.

Y aquí estoy frente al ordenador, como siempre el último día a la última hora.

Me pregunto a mi misma que si poesía o prosa para volver una vez más a recordar suspirando.

Y no me decido.

De estas veces de musas muertas y balones fuera en las tripas.

De estas veces sin inspiración, con canas y mucha melancolía.

Elegí este día por hacer algo más que lamentarme el día de mi puto entierro.

También por el título.

No lo voy a negar, Nirvana fue para mi como mirarme en un espejo.

La música de aquellos años, es la banda sonora de mis añoranzas.

Y suenan bien las muy hijas de puta.

Los volúmenes atronadores de su hastío, su desastre y su vacío.

Pero no nos engañemos, yo ya era un poco agujero negro.

Yo ya sabía que mi cabeza no me iba a dejar vivir tranquila.

Smells like teen spirit…

Y el caso es que al final hasta le tengo un poco de tirria a esta canción.

Supongo que es el peso que debe soportar por haber sido el himno de una generación.

Supongo que la escuché tantas veces que me empezó a parecer gastada.

Y sigo rota, con mis chaquetas de lana, mi cuerpo triste y estas intensas ganas de morir o de matar.

Nada parece haber cambiado en ese jodido espejo mentiroso.

Sólo refleja la piel, pero no sabe nada de las grietas, de la pesadumbre y el cansancio.

Porque estoy cansada, harta de tanta mierda, perdida en las fauces de la gran mentira.

Nada como un ejercicio de nostalgia para aliviar un poco el peso de la cuarentena.

Y que pesada soy, joder.

Que a mi corazón se lo comieron a ritmo de esa música, que lloré mil noches con los cascos puestos.

Que me hirieron mil veces en los portales oscuros.

Que aprendí lo que era no tener dignidad, ni orgullo ni autoestima.

Aprendí que soy fácil de herir, que de tanto corazón, todos acertaban de pleno.

No todo fue tan bueno, Sara, te volviste fría y no hay puto abrigo que arregle eso.

Te dieron palos de esos que jamás se olvidan.

Y tu sensibilidad tuvo que huir tan profundo que nunca se te calientan las manos.

Pero lo veía distinto, porque aún creía que me quedaba tiempo.

Tenía en la mano la seguridad estúpida de la adolescencia, creía que todo iba a ser distinto.

Pero no, todo es igual.

Igual que ver películas de terror en tiempo real. Porque es real y ya doblas los veinte años

Y escribo mientras Kurt Cobain me grita al oído Smells like teen spirit y joder, sonrío.

Con esa sonrisilla que reúne melancolía, dolor, nostalgia y buenos ratos.

Y creo, que vuelve a sonarme a nuevo. Y me traen mi tarta. Y trato de apagar mis velas.

Humo, desidia y rock. Poco más soy.

Feliz cumpleaños, My Girl.

 

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