Simplemente yo – @anapsicopoet

ANA CASADO @anapsicopoet, krakens y sirenas, Perspectivas

Fui la niña intempestiva que llegó al mundo sin que nadie la esperase. Fui la adoptada, la que se encontraron en un río, la mimada… Fui todo eso y a la vez no fui nada, excepto intempestiva. Con solo dos días de vida ya estaba en la tienda que daba de comer a mi familia. Mi madre atendía a la clientela y a la vez mis lloros, que no eran demasiados. Parecía entender que no ser buscada implicaba no hacer demasiado ruido. Allí crecí sobreestimulada por el ajetreo, el exceso de colores y de historias que no cesaban. Aprendí a manejar dinero, a echar cuentas de cabeza y con cuatro años, antes de ir al colegio, ya sabía leer. Era caprichosa, pero en casa odiaban los avances tecnológicos, las marcas, las modas, y aunque eso me hizo llorar mares, aprendí a no dejarme llevar por las masas.
Fui una adolescente rebelde, como son los adolescentes. Quizá lo eres más cuando la brecha intergeneracional es tan grande como lo era en mi caso. A pesar de protestar, quejarme y discutir por todo, de mis padres aprendí a dar la cara cuando se cometen errores, a no vivir por encima de mis posibilidades. Aprendí que ir de frente, honra, que la superficialidad no lleva a ningún sitio, que aunque no hubiese dinero en casa para comida, siempre lo habría para un libro y que no hay que rendirse, que las cosas no son como empiezan, sino como acaban. Con esa filosofía me lancé al mundo de los adultos. Entregué mi tiempo a los refugiados, a enfermos abandonados, a niños pakistaníes y a una invidente para quien, durante mucho tiempo, fui sus ojos dos veces por semana. De ella aprendí que si vives en sociedad, vale más poder escuchar que poder ver.
He habitado hogares con compañeros, con parejas, con desconocidos y sola. He sufrido los desprecios de un hombre en cabeza y cuerpo. He vivido fuera de mi país, he conocido la estabilidad y el desenfreno. Vi a la muerte en el vagón de un tren y no es cierto eso que dicen, no se pasa tu vida por delante, no da tiempo. Ella decidió que no era el momento, y me dejó marchar llena de contusiones y un trastorno por estrés postraumático. Ya no viajo tanto. Comprendí que el miedo a partir de entonces me acompañaría más que nunca, así que le hice un hueco en un rincón oscuro entre mi espalda y mi pecho, y seguí mi camino. Mis experiencias me enseñaron a valorar mi libertad por encima de todas las cosas, a no aceptar los consejos que no pido, ni las intrusiones en mi vida. Y sería feliz si en lugar del poder, fuese el amor quien gobernase el mundo, pero creo que antes de que eso ocurra se extinguirá la especie humana, y bien merecido lo tendremos… Simplemente yo, o complejamente yo, estas son algunas las experiencias que me hicieron ser como soy, todo ello salpimentado con un poco de herencia genética.

 

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