Romper el molde – @DeNegraTinta

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Esa indescriptible autonomía de ser sueño, realidad o ficción; de ser persona en más de siete letras habiendo tantos millones, nunca uno igual a otro. Todos pieza y papel de una historia… cada cabeza, un mundo.

Rompo en llanto y junto conmigo todas las expectativas ajenas a lo que sus ojos esperaron ver de mi algún día. Disculpa madre, padre, hermano. He crecido junto a ustedes anudada como uno de esos elefantes de circo sujetada de trompa y rabo para no perder camino. He sido parte de toda ésta faramalla que implica pertenecer a una familia católica de abolengo, de estricta educación y modales impecables. Tristemente instruida a mirar al prójimo por arriba del hombro como si éste no estuviera a la altura de lo que se puede ver un poco más abajo de la nariz. Estoy cansada del encierro que provoca todo esto a lo que ustedes llaman habitar con decoro cuando la realidad me señala grosera con la punta del dedo como si estuviera infectada de una enfermedad incurable. Ahora entiendo que por más absurdo que parezca el diagnostico así es.

Que decepción. Es hasta el día hoy donde caigo en cuenta de lo triste que ha sido mi existencia entre las paredes de una hacienda repleta de muebles y objetos costosos que de sonrisas poco saben y nada entienden. Que sorpresas da la vida en un par de horas. Una cosa me ha llevado a otra haciendo del desenlace de una tarde el comienzo de un porvenir. Solo el destino podría entender de lo que escribo, salir a la calle y tropezar con el milagro de la vida ha sido el más afortunado de los accidentes. No solo me ha partido el corazón, ha roto el molde colmado de absurdos elitismos de los que he sido participe todos estos años. Podría suprimir  que en una burbuja de cristal han transcurrido las horas sin dejar pasar todas aquellas sensaciones que provocan alegría y es que fascinante ha resultado experimentar cotidianidad bajo los pies, el agua acumulada y la música que deja escucharse en cada pisada, que moja los zapatos y refresca el alma en el diminuto oleaje de un charco. O bien, el disfrute del viento despeinando el cabello que con tanto esmero ha sido recogido por no dejar asomar la libertad de una melena. Inolvidables las risas de esas familias de mercaderes en la plaza ofreciendo con su mejor cara todas aquellas cosas elaboradas a mano. Cómo ocultar el orgullo de su trabajo. Imposible no describir la textura árida en las manos de ese hombre que ofrecía sin miedo a despojarse de lo cosechado, una fruta de perfectas formas, intenso color y hermoso brillo.

«Humildad, que la vida da muchas vueltas», así resumo éste día. Romper el molde ha sido toda una bendición. No más, no me perderé de todas éstas cosas gratuitas que llenan los ojos y el alma en cada parpadeo.

 

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