Reloj sin arena – @letrasypalabras

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Cuando era más joven a menudo pensaba en la edad y en el tiempo, y cuando lo hacía procedía a hacer un recuento inmediato de daños y pérdidas, un inventario de activos y pasivos, un conteo de personal. Siempre procuré cerrar círculos, trazar líneas rectas, planear estrategias y fijar objetivos a largo y mediano plazo. A menudo separaba lo urgente de lo inmediato e impostergable, preparaba mi lista de cosas por hacer, que al final se convertía en una lista de cosas que no podía hacer o que debí de hacer desde hace tiempo. Tenía todas mis metas organizadas en perfecto orden de imposibilidad y en completa armonía con mi plan de vida, todo lo que suponía tendría que haber logrado a determinada edad, porque siempre, hasta hace algunos años tuve un plan de vida bien estructurado, al que a veces necesariamente y otras veces involuntariamente tenía que hacerle reformas, adiciones y mejoras.

Todos tenemos un reloj de arena imaginario, un reloj que no marca la hora precisamente sino las distintas etapas de la vida o nuestra noción de lo que debería ser la vida y cómo nos vemos a lo largo de ella, lo que esperamos de nosotros mismos, es decir nuestras propias expectativas.

Cuando me convertí en adulto lo primero que perdí fue la capacidad de asombro, que no es mucho, es demasiado. La madurez y la responsabilidad que conlleva ser un adulto, no son compatibles con la habilidad de soñar despierto o al menos así pensaba.
En el ejercicio del error y el acierto me descubrí inconcluso e imperfecto.

Hoy lo único que quiero es salud y un golpe de suerte, estar en el momento y el lugar adecuados.
He dejado de hacer mis rigurosos balances, tampoco he vuelto a hacer mis listas, con el paso del tiempo uno va simplificando las cosas, hoy mi único propósito es ser suficiente.
Mi plan de vida ya no es un plan sino más bien una idea general, susceptible de adaptarse a cualquier variable.
El tiempo es una realidad, una linea recta, no podemos regresarlo ni detenerlo, incluso en ocasiones nos rebasa; pero también es una ilusión, una creación, un producto de nuestra imaginación; es por eso que a veces perdemos la noción del tiempo o independientemente de la edad, sentimos que tenemos todo el tiempo del mundo o logramos hacer tiempo para alguien o algo, o nos damos tiempo para nosotros mismos; el tiempo es ese espacio en el que transcurren la vida y la muerte, pero sobretodo, es un obsequio. Habría que pensar en qué lo estamos invirtiendo.

Hoy tengo un reloj sin arena, no me preocupa la edad porque la vida es diferente con cada uno de nosotros.
Sólo deseo que el tiempo me alcance, que sea suficiente, que no me sobre y nunca me falte.

 

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