Relación abierta – @PoetaImpostor

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Sé que eres tú porque tu nombre surge como solución a todo.
(a veces como problemática también).

4:05 de la madrugada.
Los parlantes de alguna radio algo descompuesta reproducen oh my love de John Lennon y yo no puedo sino aplaudir la elección cuando todo se ha quedado a oscuras, algo silencioso e íntimo; algo así como maravilloso mientras Poli duerme a un lado mío con mil ángeles proyectando sus sueños después de un sábado cualquiera de series en el sofá que no terminan por convencernos de ir por otro capítulo, miradas de algo más, y decirnos algún chiste pésimo que no hace sino mejorar mi noche incluso cuando no podría ir mejor.
Me siento agradecido y no dudo en hacérselo saber mientras dejo un beso en su frente porque sin ser fan de la religión creo preciso decir una oración para que sus sueños sean dulces y su sonrisa duradera.

Conocí a Poli después de todo el holocausto que había sufrido antes. Incluso diría que ha llegado en la etapa más tranquila de mi vida, y es que por primera vez en mucho (mucho) tiempo siento de vuelta el gusto por los amaneceres y la música, por esas bandas que he abandonado sus discos de acetato en el ático. Me hallo a menudo cantando en la ducha y contemplando el mundo desde una perspectiva distinta, más alegre y más viva. Finalmente siento de vuelta el interés por expandir horizontes. Me hace bien.

Es la clase de chica que te mira y la vida entera sonríe enternecida, que está loca, pero eso la vuelve única. Llena de canciones alegres que se terminan por volver adictivas.
Lleva ritmo en todo su cuerpo, aunque sus caderas son lo que más destacan. Lo lleva también en las comisuras y en la sonrisa, en las manos y en su voz. En la forma de aparecer. En la forma que te dejas llevar por ese torrente de emociones incontrolable y perfecto compuesto por cuatro letras. Aunque una parte de ti siembre el coso de la duda.
Y de pronto te vuelvas paranoico, e idiota y un poco miserable.
Y de pronto tengas ese tipo de vacío en el corazón que asfixia.
Ese que viene cuando la vida pasa por un momento de revelación y te das cuenta: has encontrado algo precioso.

“Tenemos un severo problema a la hora de definir lo nuestro. Yo he dicho muchas veces que no somos. Ella nunca me ha dejado que seamos algo más. Es como si de pronto tuviéramos una barrera. Un prejuicio en medio de los dos riéndose a carcajadas porque ninguno se anima a derribarlo con toda la violencia de un beso de amor y perdón. De algo más.”

Siempre le he escrito. Mentiría si digo que no. Comencé a hacerlo en dos etapas. Durante y después. Sólo que no lo sabía del todo; incluso ahora no sé qué tanto le pertenece y eso que ya pasa el primer tercio de la canción. Me quedo en el cachito de la cama que me corresponde porque se ha llevado la mejor parte, y las sábanas también. Acaricio su pelo, lo enredo a propósito y ahora con la excusa firme, lo desenredo y veo cómo resplandecen mil estrellas; cómo se forman universos en su cabeza. ¿En qué estará soñando? ¿Con qué ocurrencia me saldrá mañana? ¿Y pasado? ¿Y si de pronto un día decide que es momento de irse?

La veo y me produce un escalofrío por todo el cuerpo que me hace querer proponérmele casi al final de la noche. Casi a las cinco de la madrugada. Porque quiero decirle que es única, que no hay un antes de. Que ella habita mi presente. Que mi vida no tuvo demasiado sentido hasta que apareció esa tarde deseándome éxito con mis letras, y hablándome de las costumbres de su país; principalmente de comida. Los gustos vinieron después. Las noches largas de momentos inolvidables, las risas, la aspiración y el deseo por quedarse y permanecer. Porque hemos vivido mil y un historias que otro día me animaré a contar, pero hoy no, aún no.

Sólo puedo decir que la amo. La amo con toda la fuerza de mi ser. Desde el corazón hasta el alma. Con la parte más humana e inocente. La amo por esos momentos donde emerge un te quiero que no podría aceptar de otros ojos, ni de otra boca; que no deseo volver a oír nunca más de otra persona que no sea ella. La amo desde que la conocí porque todas las historias anteriores a ella han quedado exiliadas al olvido. Porque mi amor está lleno de primeras veces, de muchas veces y nosotros en cada una de ellas. Porque pienso en amor y su sonrisa emerge como solución a todo (a veces como problemática también). La amo porque sin ser nada endoso a su nombre cada instante de felicidad, cada ápice de esperanza y anhelo de permanencia. De pertenencia.

Duerme y yo sonrío. ¿En qué momento he contado con tanta suerte? John Lennon pronto va a acabar su canción pero yo aún no decido si dar el siguiente paso, ese gran paso.

He escrito lo suficiente para hacerle llegar apropiadamente mis sentimientos. Soy consciente de nuestra relación indefinida, pendiendo según yo, de un vacío. Una cuerda de veinte pisos de altura donde tambalea entre miedo y coraje a serlo todo y nada, nada y todo. Porque incluso teniendo una perspectiva a futuro, amarla da algo de miedo, tanto como la idea de ser plenamente correspondido, sin ocultar nunca más algo de mí o de nosotros. Porque yo siento que ella merece algo que desconozco y sin embargo pienso que no poseo. O quizás sólo estoy protegiéndome de un « no » que me rompa el corazón aunque en el fondo sea todo un honor.

La miro hasta quedarme dormido consciente de no ser nada y quererlo todo en esta «relación abierta», que nos pertenece sólo a nosotros.

 

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