Presos de lo no dicho – @alasenvuelo

Yamile Vaena @alasenvuelo, krakens y sirenas, Perspectivas

– No quiero decírtelo de nuevo, pero te lo dije. No debiste confiar en ella, se dijo a sí mismo Houdini indignado. Ahora tendría que mudarse. – Bastante tuve que soportar cuando me cambiaron de casa sin avisarme, dejando el lugar semi habitable por meses… ¡Vergüenza debía de darles!

Houdini estaba indignado, claro, pero al ser un ratón su opinión poco podía interesarle a cualquiera que se respete. Es una cuestión de prejuicio, inevitable. Si fuera un ser humano seguramente tendría otro trato, pero al ser de otra especie siempre tenía que sufrir rechazo y violencia gratuita de las razas poderosas.

Lo cazaban impunemente, se sentían autorizados a envenenarlo, aplastarlo, atraparlo, quemarlo y torturarlo. Si bien la llegada de Toulouse no fue completamente inesperada por su inconfundible olor de muerte y cacería, tampoco fue una noticia que le provocaba albricias. Era cuestión de tiempo para tener que partir.

Houdini se las había ingeniado  para vivir modestamente y sin llamar la atención por muchos meses, hasta que algo salió mal, tuvo hambre y sed en un momento inoportuno, y fue necesario salir de las tripas del refrigerador de manera sorpresiva.  Uno de esos malvados seres gigantes, vio su rápida sombra negra fluir en la cocina. Ese día la  sentencia de Houdini se marcó. Debía migrar o morir. No podría quedarse en su casa mucho tiempo más.

Toulouse llegó de casualidad, o quizás motivado por la sombra de Houdini. Era pequeño, negro, de rayas blancas, oscuras  y verduzcas, con inteligentes ojos verdes avispados. Lo traían en una jaula. Él no entendía mucho el movimiento. El mundo parecía hostil desde el principio. Nació en un basurero, lo sacaron de allí, lo bañaron, vacunaron y castraron aún siendo un pequeño. Y ahora lo llevaban a una jaula en movimiento. De allí a los brazos de una humana. «Nada mal para ser tu nuevo dueño, pelos rojos. Me caes bien». – ronroneó en los brazos de su nueva esclava  y decidió abrazar su destino con optimismo. Todo iba bien hasta que llegaron a casa, y tuvo que enfrentar a un perrazo cuatro veces su tamaño. (Para efectos descriptivos, imagínense una descomunal mini-schnauzer  de 6 meses, de nombre Milú). El encuentro de perro y gato llevó los consabidos clichés del bufido del gato y el pánico del perro. Buena cosa que sólo era una visita. Pelos Rojos, la nueva humana de Toulouse se llevó pronto a su gato a su nuevo hogar alejándolo de esa enorme amenaza canina que habitaba el otro lugar.

Al llegar Toulouse a su nuevo departamento, Pelos Rojos le colocó su arenero, le sirvió comida y bebida y le construyó una camita. Aquí vivirás, ¿qué te parece, Toulouse?

Los primeros días fueron una fiesta. Había un olor extraño en la cocina pero «pelos rojos» no dejaba que Toulouse entrara a la cocina. Temía que Houdini pudiera contagiarlo de algo raro. Houdini por su parte, empezó a preparar su migración.

El día que el ratón decidió salir, Toulouse logró una intrusión inesperada en la cocina. Y así, presos de lo no dicho, por primera vez, Houdini y Toulouse se enfrentaron a su inevitable destino del gato y el ratón.

 

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