Por falta de uso – @Mous_Tache

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Bajo la polvorienta funda que acabo de retirar se encuentra la motocicleta que dejé de usar hace tiempo sin saber muy bien porqué. El día que la traje a casa de mis padres con la excusa de que ellos disponían de más espacio, yo sabía que la realidad subyacente era otra bastante distinta: Pasaría un largo periodo antes de volver a conducirla.

La empujo sin prisa por el camino de tierra, con el sol del amanecer a la espalda, hasta llegar al descampado cercano en el que jugaba con mis hermanos y primos cuando éramos niños.

Aprieto con la mano derecha el freno y con un movimiento mil veces repetido paso una de las piernas flexionada por la rodilla por encima de la máquina. Me acomodo en el asiento y giro el mando de contacto. Algunas luces se encienden en el pequeño cuadro de mandos. Perfecto, tiene batería. Sitúo mi pulgar en el botón de arranque y me preparo para lo que va a ocurrir.

Lo que va a ocurrir no es lo que debería ocurrir. Con el punto muerto engranado, debería arrancar con su sonido característico para segundos después transmitirme su vibración y su ronco ronroneo. Pero no será así. Esto es una Harley Softail Custom, motor en V, 1.340 centímetros cúbicos, sin amortiguación trasera que algún iluminado trasladó al asiento y que la hace preciosa pero te destroza la espalda, y una caja de cambios enorme, tosca y previsible. El aceite de la caja de cambios se habrá solidificado con el tiempo, pegando los discos y haciendo que, pese a que la luz verde del cuadro marque «Neutral», tendrá una marcha engranada.

Arranco con la mano izquierda presionando el embrague, los dos pies en el suelo. Giro el acelerador para deleitarme con el sonido de sus escapes, respiro hondo y suelto lentamente la palanca… Previsible… El punto muerto no estaba engranado y con un fuerte tirón iniciamos la marcha. Tras media hora de irnos habituando yo a ella y ella a mí, vamos retomando la confianza el uno en el otro. Unos ajustes, algo de mantenimiento, una buena limpieza y todo volverá a ser igual que hace tiempo.

El devenir de la conversación es previsible. Hace tiempo que no hablamos y estamos algo nerviosos. Al final intercambiamos algunos de nuestros apelativos cariñosos que ahora suenan algo raros quizá por la falta de uso. El inicio está siendo a tirones, pero hemos iniciado la marcha. Quizá con algunos ajustes podamos volver a ser igual que éramos hace un tiempo.

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