Piezas que no terminan de encajar – @alasenvuelo

Yamile Vaena @alasenvuelo, krakens y sirenas, Perspectivas

Un día antes pensaba que mi país no podía estar peor. Todos estábamos enojados porque una chica universitaria apareció asesinada después de tomar un servicio de transporte. Nadie estaba seguro. Soy mujer y tengo hijas y amigas, y madre, y primas y tías. Y las mujeres en México sufren de feminicidios. Los hombres se levantan furiosos a quejarse de las marchas que hacemos, porque ellos también sufren y son asesinados y tirados como basura en lotes baldíos. Nadie está seguro. Y los partidos políticos y el gobierno y los narcos se toman turnos para aterrorizar a la población y hacernos saber que no valemos nada, que no hay valores, que todos somos una porquería corrupta y no hay solución para  las crisis.

Entonces. La tierra tiembla. Los edificios colapsan. Las ratas se escondieron en las alcantarillas y desaparecieron por dos días, y todos los demás salimos a las calles a ayudar, en carretadas. Trabajando mano a mano, el flaco, el blanco, el albañil, la universitaria, el hijín, el gerente, el chofer, el gordo, el viejo, la niña, la de las quesadillas, el gay, la puta, el policía, el soldado, la señora fresa, el pandillero, el músico, el empresario, el dibujante, la escritora, la lesbiana, el vegetariano, el loco que colecciona perros, el ciclista, el dueño del bar, el restaurantero, la cocinera, la que tiene un puestito en el mercado, el que reparte tortillas, el que le va a un partido, el que le va al otro. La gente se quita la comida de la boca, parte su pan, comparte su cobija, dona su tiempo, su esfuerzo, sus pocos pesos, todo lo que tiene. Ese que mirabas feo en el metro, toma una pica y una pala para sacarte de los escombros. El soldado llora derrumbado al no haber podido salvar  a una bebé que tenía tres pisos de escombro arriba. Los que odian a los perros son rescatados por la heroína Frida con sus simpáticas botitas.  Los músicos ofrecen conciertos, el mimo se disfraza de dinosaurio y lleva su guitarra para entretener a los niños. Los voluntarios pasan de mano en mano los escombros, hacen largas filas para rascar de la tierra un poco de esperanza. Un topo, un rescatista, un soldado, alza el puño en alto. Piden silencio y la gente intenta no respirar, porque ¡Hay vida! Hay esperanza. Y un grito sordo de alegría sublima un alma rescatada de las entrañas de la tierra.

La ayuda llega de todos lados, como magia, la información fluye, basta decir «necesito» por que alguien grita en otro lado «yo tengo», «yo sé», » yo puedo ayudar». ¿Ya tienen agua? ¿ya tienen cobija? ¿café? Necesitan alimento, baños, medicinas, descanso… tienes mi casa, ven, es todo lo que tengo, pero quiero ayudar. Tengo manos y fuerza, ¿Qué necesitas? ¿Dónde necesitas? No estás solo. No estás solo, mi México, no estás solo, LOS BUENOS SOMOS MÁS.

Dos días los héroes anónimos, silenciosos se apoderaron de mi México, no hubo gobierno, ni instituciones, ni partidos políticos. Su ausencia nos dejó actuar a todos los demás, a mi bello, fuerte, hermoso, México. Hay tantas historias que desgarran el alma. Todos ayudamos, todos tenemos fe, todos tenemos miedo, pero estamos todos, juntos, y somos México.

Y entonces… despertaron los demonios, y ellos dijeron: ¿No ves que me opacas? Dame lo que recolectaste, mira, yo lo organizo y lo reparto. Y decomisas la ayuda, le pones tu nombre, y lo guardas, será de utilidad en las elecciones, así votarán por ti. Bloqueas la ayuda a los lugares remotos, atajas los trailers que llegan con víveres de todos lados y les quitas todo, amenazas a los que tienen iniciativas de hacer conciertos, si no dicen que los hiciste tú y te robas todo lo que la gente donó. Te inventas un rescate falso y te robas recursos valiosos para salvar vidas en otros lados, solo por ratings, Niegas ayuda internacional, para que no se sepa que esa escuela que mató niños no debería de estar operando en construcciones sin castillos, ni muros de soporte, ni con cimientos fuerte y profundos para una edificación de tantos pisos. Tratas de robarte lo que puedas. Te niegas a dar el dinero de las campañas políticas a los damnificados, porque es ilegal… lo peor: obstaculizas a las personas que están salvando vidas, sacas a los topos, nulificas a los rescatistas y dices: Ya no hay vida, tenemos órdenes de buscar cadáveres cuando sólo han pasado 48 horas…

A todos nos llevó la tostada. Y un odio, mezclado con miedo, y un profundo enojo social, una impotencia absoluta, mirando a los ojos todo lo peor de lo que existe en esta sociedad.

Por un segundo nos ahoga de nuevo el odio, la impotencia.

Pero el que debe ahora tener miedo eres tú, monstruo sin cara.

Todo aquello que odiamos y nos cercena como sociedad, no somos nosotros.

A nosotros no nos importa arriesgarnos por sacar a alguien vivo de los escombros, a nosotros no nos importa compartir nuestro pan, no dormir, agotarnos, dejarnos la vida en el alma por hacer algo, lo que sea por ayudar.

Lo haremos todos, para levantarnos de nuevo. Los demonios NO ganarán esta guerra.

Los buenos somos más. Estamos agotados. Los centros de la tierra retumbaron, colapsándolo todo, descubriendo el verdadero valor de nuestra patria.

 

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