Piedra, papel o tijeras – @Mous_Tache

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Mucho antes de comprender que todas las religiones comparten los mismos valores, mucho antes de conocer que existen unos señores que se dedican a establecer leyes para regular cualquier aspecto de tu vida, mucho antes de saber que un tal Salomón se dedicaba a partir niños con espadas o que una justicia divina con retraso llamada Karma pondría todo en su lugar, aquel verano aprendí que la forma incontestable de dirimir cualquier diferencia se llamaba «Piedra, papel o tijeras».

Quedé maravillado por su versatilidad ya que tras un pequeño ritual y un juego de dedos podía resolver desde quien formaba parte de tu equipo hasta las cuestiones del corazón.

Aquel mecanismo era capaz de determinar hacia quién deberíamos dirigir aquella noche nuestras infantiles y elaboradísimas dotes de seducción de entre todas las exóticas bellezas que llegaban cada fin de curso a aquel pueblo del Valle del los Pedroches.

Mi preferida, la piedra, sin duda. Daba la potencia de poder machacar a aquellas diabólicas tijeras que me habían enseñado tiempo atrás que si las dejabas abiertas por la noche e invocabas el nombre de Verónica aparecerías con ellas clavadas por la mañana. Ironías de la vida, el nombre de Verónica se convertiría, posteriormente, en la fuente de muchos de mis mayores quebraderos de cabeza y de mis mayores alegrías.

Y luego estaba el papel. Algo desconcertante. ¿Cómo podía algo tan débil ganar a la piedra?

No recuerdo cuando dejé de usar aquel simple método de tomar decisiones y pasé a medir los pros y los contras, los riesgos, las conveniencias…

He descubierto que existe una variante más interesante. El piedra, papel o me besas.

Sé de ti desde hace días, pero te conozco desde siempre.

Te propongo un juego. Paseemos por la Gran Vía, agárrame de la cintura, mírame a los ojos, que se pare el mundo, y di que me besas, tonta…

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