Nos toman por gilipollas – @DonCorleoneLaws

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Vivimos en la sociedad de lo ficticio.

A la gente le da por juntar cuatro letras y enseguida piensa que sabe escribir; le estampa tres brochazos a un lienzo y ya se quiere denominar “artista”; entra en un reality de cocina y se cree un super Chef; hace una película mierdosa y lo tilda de cultura; se compra zapatillas deportivas en los manteros y asume que no se nota; muestra fotos trucadas en las redes sociales e imagina que nadie se da cuenta… y así con casi todo.

El auto engaño se ha convertido en una costumbre tan cotidiana que se asume como algo natural y extensivo a los demás, y eso no es ni más ni menos que porque nos toman por gilipollas.

Todo buen gilipollas piensa que los demás lo son más que él, y si además es un ególatra, pensará que sólo lo son el resto. Imbuido en esa cultura del “bueno, bonito y barato”, el gilipollas hace creer diariamente que sabe lo que está haciendo y diciendo, y que está respaldado por mil razones para creerse más de lo que en realidad es. Además -y por si fuera poco- un gran gilipollas suele estar rodeado de otros tantos que piensan que no lo es, y que simplemente son ciegos donde reina un tuerto. Ninguno de ellos ve adecuadamente, pero como el pasotismo del entorno suele ser generalizado, acaban haciendo carrera entre tanta mediocridad.

Un buen ejemplo de todo esto es la política. También hay mucho gilipollas entre los políticos y los politólogos que intentan comprenderlos o justificarlos. Pocos nidos de corrupción habrá más grandes que los de ese mundillo en el que vas creciendo según lo trepa que eres, y cuando ya te has posicionado donde consideras que tus méritos merecen, te olvidas absolutamente de quienes te pusieron allí para representarlos. Simplemente los utilizas para beneficiarte y los tomas por verdaderos gilipollas a los que -cada cuatro años cuando aprieta la soga electoral al cuello- vuelves a recurrir con promesas huecas, abrazos de postureo y besos más falsos que Judas para que te vuelvan a votar como la panacea de todos sus males. Y te votan, claro que te votan: porque muchos de ellos realmente son tan gilipollas como tú creías.

Nos toman por gilipollas los jueces queriendo convencernos de que la justicia es igual para todos, cuando tenemos ejemplos a diario de que eso no es así. Nos toman por gilipollas las administraciones públicas, que se aprovechan de su comodidad laboral para obligar a los ciudadanos a hacer cosas que bien podrían ejecutar ellas con un simple “click”. Nos toman por gilipollas los periodistas, que intentan manipular día tras día la información que les llega, y cuando no les llega se la inventan. Nos toman por gilipollas los comerciantes, que nos la intentan meter doblada con los precios hasta que comprueban que no venden y se convierten en una oferta continua para sobrevivir. Nos toman por gilipollas hasta los niños cuando nos dicen que no tienen deberes, y los ancianos cuando nos dicen que les duele “aquí” o “allí” y lo único que en el fondo necesitan es nuestra atención. Nos toman por gilipollas los amigos que nos mienten descaradamente y piensan que los demás no hablamos unos con otros destapando sus engaños.

Tomar por gilipollas a los demás se ha convertido en deporte nacional, y aquí somos campeones del mundo.

Sin embargo, fíjense lo que les digo: todo eso lo soporto con estoicidad. Con el paso del tiempo he desarrollado una paciencia muy superior a la importancia que les doy a toda esa parva de gilipollas que nos quieren tomar por gilipollas a nosotros. Y asumiendo mi propia gilipollez -que yo también la tengo, como todos ustedes- al menos puedo presumir que la mía no pretende ser dañina con nadie, ni perjudica a los demás: suele afectarme sólo a mí y de vez en cuando hasta me la detecto.

Mi único consuelo, asumida la imposibilidad de salir de este círculo vicioso, es ir destapando públicamente a los gilipollas cuando me los topo e ir alejándome de ellos, puesto que ya he comprobado mil veces que la gilipollez -por amable que sea- no tiene nada positivo que aportarme.

Pero recuerden una cosa importante: nos toman por gilipollas, sí, pero porque nos dejamos… así de gilipollas somos.

 

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