Maremoto – @GraceKlimt

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“Lo hago mal, pero bonito”
@melofelais

Mil veces leo la frase, y mil veces me veo en ella, reflejada. Porque sé que hago las cosas mal casi cada vez. Que hago desastres, pero yo todo lo hago a conciencia, y no sé, igual no es excusa, pero de algo tiene que servir. Que canto mal, que bailo aún peor, que quemo la comida, que destiño la ropa, que no sé dar toques al balón, que mis aviones de papel no planean, que no meto el coche en el garaje ni a la de tres, que olvido los cumpleaños, que no soy capaz de silbar, que grito a quien no debo, que nunca encuentro el momento oportuno para colocar la ropa en el armario, que me olvido de todo con un libro entre las manos, que soy como una flor entre los escombros, que soy un desastre. Pero lo intento, en serio. Lo intento de corazón. ¿No es suficiente con eso? Y que es posible que no te quiera como te mereces, o que no sepa demostrártelo mejor, tal vez. Pero eso no significa que no lo haga. Que yo te quiero siempre, cada momento, cada instante. Cuando te sonrío, cuando te abrazo, cuando te beso, cuando no estás, cuando duermes y te doy un codazo porque roncas, cuando te grito, cuando no sé si estrangularte y tirarte al río con una piedra atada al cuello o darte una colleja, cuando te ríes de mis histerias, cuando me cuentas tus historias, cuando hablo y me interrumpes y te arrancaría la lengua, cuando llegas cansado pero sonríes al verme, cuando fumas en el baño y te deseo todos los males del mundo, y sobre todo, cuando te odio. Cuando te odio es cuando más te quiero. No lo olvides nunca. Que lo hago mal, ya lo sé. Pero que te quiero siempre. Y tú a mí, si no, de qué. Si no, como ibas a seguir aguantándome. Si no, como ibas a esquivar mis desastres. Si no, como ibas a convivir con mis montañas rusas. Y vaya, a lo que iba. Que esta frase viene siempre a recordarme quien soy. Que soy quien te quiere, con mis imperfecciones, que soy a quien quieres, con tus demonios. Que soy así.

Un terremoto.
Un maremoto.
A veces destrucción.

Así que dispara, ya no tengo miedo. He estado tanto tiempo protegiéndome de las balas del fuego cruzado, que he conseguido cicatrizar los agujeros de los cañonazos para que ya no me sangren. Te estoy esperando para que me ametralles a quemarropa, y luego, levantarme como si nada, sacudirme los escombros, recoger los casquillos, y comerte la boca. Y no necesariamente en ese orden. En esta guerra todo vale, por eso llevo un puñal escondido, como un as en la manga, por si hay que forzar la jugada en caso de que decidas esconderte en las trincheras. Hay un batallón entero listo para el ataque, pero se aburre, jugar a invadir continentes sin un adversario digno no es tan divertido como parece. Igual mañana ya es tarde, y una bomba nuclear ha destruido el planeta, camas de hostales incluidas, quien sabe lo que son capaces de hacer los vivos. Así que no tardes, y recuerda, esta vez, vengo armada.

Acompañada de terremotos.
Acompañada de maremotos.
Acompañada de destrucción.

Igual no es buena idea. Pero joder, no me digas que imaginarlo, no es bonito.

 

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