Los viernes del Supersonic – @LaBernhardt

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La Luna se aleja de la Tierra 3,8 cms al año. No lo digo yo, lo dice National Geographic. Lo he leído y he pensado que eso te haría sonreír: es como saber que alguien que te cae regu hace una mudanza en modo caracol: despacito, despacito se va alejando de ti.
Más cosas que me he aprendido para escribir este cuento: dicen los sabiondos en lunas que la famosa luna sangrante, ésta en concreto, es la cuarta de una especie de tetralogía de lunas de sangre —OMG! que me suena a título de peli serie Z de Jess Franco — que empezó hace, ni más ni menos, 10 años. La buena noticia es que termina con la de hoy y que no volverá a repetirse hasta dentro de 12 años. Dicen.
Otra de las cosas que más os preocupan a los «Lunáticos»: los cambios de humor.
Bien, esto es un «sí pero no” porque la luna no te cambia el humor, pero sí te hace un poquito más inestable. Es como si el mundo se moviera y sólo los más sensibles os percatéis de ese movimiento bajo los pies. Dicen también.
La luna nos hace hacer cosas raras… pues puede ser.
Dicen que el peor cóctel se da en días de cambio, adivina cuándo: los viernes de luna llena hacen estragos en la población. No sé si eso es verdad o no pero sí sé que los viernes del Supersonic han pasado cosas muy raras.
Tú y yo nos liamos allí, uno de esos días raros. Y al principio yo creí que eras una broma, un fantasma que vivía en aquel bar porque solo te encontraba cada viernes, entre copas e Iggy Pop.
Tardamos 4 viernes en salir del Supersonic. Sonrío cuando recuerdo que, de verdad, llegué a pensar que te desintegrarías al salir fuera del bar. Había una luna redonda y me dijiste que esa de ahí arriba te dolía a veces. Empecé a aprender cosas de la luna y a saberme todas las canciones que pinchaba Kike en el bar. Quería conocerte.
De este viernes de luna sangrante poco más te puedo decir.
Pero te voy a contar cómo me ha afectado a mí esta luna loca; hoy me he acordado de una cosa que me pasó un día.
Hace un tiempo mi amigo Agustín me dijo: «Odio los viernes con luna porque me recuerdan lo solo que estoy». Al siguiente finde, aunque ya no había luna, sí que había viernes y Supersonic, le dije que tenía un plan para romper las penas de los viernes, las suyas con la soledad y las mías con tu hueco en el bar donde fuimos algo.
Así que salimos a la calle y nos pillamos dos trozos de pizza de La góndola. Nos sentamos en un banco del parque. Hablamos de mil cosas: de ti, de Irene, de cosas que ya no recuerdo pero que seguro eran vitales aquella noche. Me dijo que si algún viernes del Supersonic, con o sin luna, volvía a sentirse solo, se acordaría de nuestra cena del parque.
Todavía me lo recuerda.
Que por qué te cuento esto: pues para sepas que todas las lunas llenas y todos viernes del Supersonic recuerdo cuentos. A veces son chulos, como el de Agustín, como todos los besos y las risas que viví contigo.
Otras veces, esos cuentos me pinchan, como a ti La Luna. Me duele el Supersonic tanto que ya no entro en él. Creo que solo allí dentro éramos.
Fuera de ese bar ya no estamos aunque siempre te pienso con luna llena.
Más allá de haber estado juntos un tiempo, más allá de eso, siempre te llevo cuando hay luna.
Y aunque la vida y la edad me están quitando polvo de hada de las alas y me hacen pisar el freno y pensar dos veces las locuras hasta dejarlas en letras no más, aunque igual no vuelva a hacer esas cosas de cenar en un parque a las 5 de la mañana para curar corazones, he creído chulo contarte cómo me ha afectado la luna y este recuerdo de mi pasado.
Hoy hubiera hecho por ti lo mismo que hice ese viernes lejano por Agustín. Te hubiera buscado, nos habríamos tomado un par de trozos de pizza y dos cerves en el parque de La Florida.
Si te hubiera visto muy harto de luna llena, te habría dicho: «tengo este cuento en papel: si lo necesitas, te lo hago de verdad».
Pero que no cunda el pánico, es sólo un cuento de papel y nunca va a salir de estas letras. Solo quería que lo leyeras por si te hace sonreír o no.
Yo qué sé.
Ya no es mi cuento, ahora es tuyo. Y puede servirte para borrar lo feo, si es que lo hay, de este viernes de super luna llena y sin Supersonic.
Te beso.

 

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