Llegar a un acuerdo – @netbookk

Ricardo García @Netbookk, krakens y sirenas, Perspectivas

He llegado a la conclusión de que es muy importante elegir el sitio adecuado para observar tranquilamente. Lo mejor de estar al otro lado de la barra, es el tiempo que tienes para mirar a los demás, fijarte en sus actitudes, sus expresiones, miradas, su forma de actuar…

A veces, secando los vasos en la esquina, tengo tiempo para dedicarme a observar despacio. Por ejemplo: esa pareja que no se atreven a mirarse entre ellos por miedo a que las verdad reviente la frágil burbuja de su aburrida convivencia o al solitario que no para de darle vueltas a los hielos de su copa pensando en su mala suerte y esa pareja de adúlteros, que se refugian del mundo exterior entre las sombras del último reservado.

En un bar tranquilo como este, la llegada de vuestro grupo esta noche, ha supuesto una pequeña revolución. Risas entre los viejos muros forrados de madera, camisetas de colores, tacones, faldas cortas y entre todos estos jovenzuelos: tú, que destacas como una luz en lo más profundo del bosque.

Menuda pero decidida, manos delicadas, siempre sonriente y vestida con mucho más estilo que todos tus acompañantes. Falda estrecha por encima de la rodilla, blusa blanca escotada y zapatos cómodos, con el tacón justo para resaltar tus piernas de infarto. Pendientes de chica buena, media melena despeinada cuidadosamente, labios con brillo y muy poco maquillaje.

Me ha picado el gusanillo de la curiosidad, pero no me ha costado mucho averiguar el misterio de tu presencia, tus amigos son muy habladores.
La presentación de una nueva aplicación informática de la cual tú eres la organizadora y se te ha ocurrido que, unas cervezas este viernes por la noche después de una dura semana de trabajo, le vendría muy bien al equipo. El bar estaba cerca y parece que no ha sido difícil llegar a un acuerdo y convencerlos a todos.

Pasada las primeras rondas, los jóvenes empiezan a dispersarse por el local. Algunos camino de los reservados, desplazando a la pareja de infieles; otros ocupando la mesa de billar, los más, camino de la puerta saliendo a fumar. Te veo moverte de un grupo a otro, no puedo dejar de fijarme en tu sonrisa y en tu elegante forma de caminar, y tú sabes que te estoy mirando. No puedo dejar de fijarme en ti. Te observo, a cámara lenta cuando subiendo a un taburete rodeada de jovencitos que escuchan embobados tus explicaciones, te imaginas observada y aceptando el juego con tu sonrisa, me dejas observar discretamente el borde del encaje de tus medias y el liguero que se insinúa debajo de tu falda, pegada a tu cuerpo al sentarte y cruzar las piernas.

No ha pasado mas de dos horas cuando los jóvenes han decidido marcharse a una discoteca de moda. Mientras bajo la música y repongo el botellero, les vas diciendo adiós y cuando creo que te has marchado con ellos, vuelves a entrar y consigues sorprenderme.

Desde el centro de la barra, te veo llegar despacio haciendo sonar los tacones de guerra en el bar casi vacio y dejándote mirar. Te acercas al final de la barra donde habías dejado la chaqueta y el bolso. Sacas el lápiz de labios y aupándote en el taburete te acercas al espejo de detrás de la barra para pintarte los labios. Primero los mojas suavemente con tu lengua mientras me miras directamente a mi.

Al inclinarte, sin darte cuenta, el botón de tu escote se distrae de su trabajo y cede a la presión, dejando al descubierto una preciosa lencería de color morado. Tú, haces como que no te das cuenta y no tengo más remedio que acercarme para hacértelo ver. Al llegar delante de ti, toso levemente para que dejes de fijarte en el espejo y me mires de reojo con el rouge todavía en tu mano. Una intensa mirada hacia tu escote, hace que te des cuenta, pero para mi sorpresa, no te sorprende ni hace que reacciones. Al contrario te giras un poco, sonriendo, para dejarme mirar a placer.

Y entonces lo entiendo. Debería haberlo supuesto. Esa forma de pasar por delante de mi, las miradas al pedirme las copas, el taburete… Ese botón ha sido la excusa perfecta para llamar mi atención, y vaya si lo has logrado. Una preciosa sonrisa, mitad niña traviesa mitad timida, luce ahora que te has decidido a llegar hasta el final, en tu cara.

Y ahora en la mía.

– Me quedan 10 minutos – susurro acercándome a tu oído, disfrutando de las maravillosas vistas de tu escote y quitándote el pintalabios de la mano – Creo que tu y yo debemos llegar a un acuerdo para decidir quien le quita primero la lencería a la otra – te susurro mientras retoco mis labios delante del espejo de la barra, observando tu pícara mirada de deseo brillando en el espejo…

Puedes seguir a @netbookk en Twitter