Llegados a este punto – @candid_albicans

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Me resulta tan difícil entregar mi confianza como después salir de quien me ha hecho feliz.

Hay personas que son regalo; que la vida a veces es benévola contigo y te las concede por un período de tiempo mayor o menor, y si has nacido con suerte, para toda la vida. Personas que cuando estás acostumbrada a vivir en escalas de grises, llegan armadas con su sonrisa y su ternura y te lo ponen todo perdido de colores, así, sin pedir permiso. Personas que te muestran otra perspectiva de la vida que tú desconoces porque nunca la has mirado desde su punto de vista, sino desde uno más realista. Y no sólo te demuestran que tu día puede ser lo que tú quieres que sea, sino que además hacen lo mismo contigo. Te obligan a verte con sus ojos, y flipas. Al principio no te reconoces porque tú siempre te has visto gris y poco o nada especial. Pero te recuerdan lo que era reír a carcajadas y sonreír por tonterías, te obligan a quererlas, le dan la vuelta a tu mundo, y poco a poco empiezas a quererte tú también. Y llega un día en el que te miras al espejo y el reflejo te devuelve una sonrisa, y te ves guapa, te sientes capaz de todo y más, y ves que tus propios colores comienzan a asomar. Y te sientes feliz.

Lo malo de las personas más realistas es que hay cosas que jamás podremos cambiar, porque nuestra naturaleza nos impide soñar constantemente, aunque lo estemos deseando. Cogemos nuestro cubo de pintura gris, y decidimos pintar por encima de los colores de nuestra persona-regalo lo que nosotros consideramos que tiene que ser gris por narices. Y sin darnos cuenta estamos marchitando su mundo. Inyectamos, sin quererlo, una dosis de frustración en sus vidas que ni han pedido, ni mucho menos les hace falta.

Llegados a este punto lo sensato sería recoger nuestra pintura gris de mierda y marcharnos sin estropear nada más.

Pero como dije al principio, me resulta casi imposible irme de quien me ha hecho feliz. Así que me echo ligeramente a un lado, sin entorpecer, sin bloquear el paso, y sin dar la espalda. Triste, sí, pero también muy agradecida porque cada puto segundo ha merecido la pena.

 

Gracias, AJ, por haber pintado arcoiris entre mis nubes.

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