El otro lado de la cama – @GraceKlimt + @demotico

GraceKlimt @GraceKlimt, krakens y sirenas, Perspectivas

El abismo absoluto, de profundos ojos negros, garras afiladas, sonrisa burlona y mirada inyectada en sangre, habita al otro lado de la cama. Escasos centímetros separan mi cuerpo del suyo, contengo la respiración, me escondo bajo las mantas. Si me muevo y despierta, seguro que me atrapa.

«El experimento ha sido todo un éxito». Siempre soñé con decir esto, con un bisturí en la mano y una audiencia de sorprendidos estudiantes de neurocinética aplaudiendo desde las gradas de la sala de autopsias. Hoy lo mascullo ante un monitor crepitando la estática de fondo del Big Bang que creó un Universo. «Un Universo», no sabemos cuál. Nunca hemos sido capaces de identificar el rostro de la chica, antes niña, ahora mujer al final de sus treintas. Nunca. Pese a todos los archivos, las pancartas, las inmensas campañas de publicidad, incluso, que han nacido con el tiempo.

Salto de la cama de un brinco. Estoy sudando, no, no sudo, sólo siento el calor inmediatamente anterior a romper a sudar. Creo que es miedo. Me aparto instintivamente, muy despacio, intentando no hacer ruido, arrastrando casi mis pies descalzos sobre la tarima de la habitación, hasta que mi cuerpo roza la pared. Lo más lejos posible, en línea recta, del extremo apuesto en el que intento dormir. Intento, sí, que no consigo. Hace mucho tiempo ya que no sé qué es eso. Insomnio, le llaman los entendidos. Pero yo sé que ahí, en algún punto indefinido entre mis sábanas y algún lugar oscuro, algo acecha. No estoy loca. O sí, que más da.

Empezaron las velas hace un par de años, junto a la verja de las instalaciones del antiguo acelerador de partículas reconvertido en nuestro cuartel general. Como nadie intentaba entrar, los de seguridad acabaron haciendo la vista gorda. A los demás nos parecía una anécdota. Tampoco demasiado graciosa. Casi tanto como mantener el portal abierto para recabar imágenes de alguien seguramente tan anodino como nosotros. Sí. Anodino. Es lo que he pensado siempre. No lo vi venir. No vi el poder de seducción de un rostro, un verdadero rostro, y eso es un inmenso peligro. Es curioso. Soy ateo, pero entiendo que la Iglesia proscriba toda imagen de Dios y su hijo Cristo, y su profeta Mohammed. También entiendo que a la larga, si ella desaparece finalmente de nuestras vidas, tendrán todas las de perder.

Vuelve a oler a cera derretida. Van muchos meses de olor, pero en momentos así, de miedo casi palpable, mi olfato se afina. El intenso olor penetra por mis fosas nasales, y casi puedo ver en la oscuridad de mi habitación el hilillo de humo que serpentea sinuoso desde el centro del desastre hasta mí, como la serpiente tentando a Adán con el pecado original. Cierro los ojos, pero ese truco ya no funciona, y los ojos que me observan siguen ahí, tan nítidos que casi puedo percibir su brillo parpadeando, fijos en mí, hipnotizados, devotos, fanáticos. Es alucinante, pero en el borde del pánico, en la barrera del delirio, me siento una semidiosa. «¿Quién anda ahí?, ¿Quién? ¿Quién?». Sé que hay alguien al otro lado.

La llamada no ocurre. Llevo diecisiete años esperando, primero con temor, el proyecto era demasiado extraño y costoso, luego con sorpresa, hoy, finalmente, con hastío. La habitación blanca, las ropas blancas, las sábanas blancas y ese rostro de ojos negros como un abismo. Día tras día tras día. Sus palabras canturreando, leyendo en voz alta libros que sabemos que no existen, recitando, hablando no se sabe con quién pero todo el mundo da por hecho que a nosotros. Me gustaría convocar una rueda de prensa y denunciar que todo es realmente un montaje. Que es así. Que apaguen sus pantallas y sus radios. Me encantaría. Pero soy un científico. Me debo a la verdad. Y a los misterios. Y el mayor de todos es el terror con el que a veces, últimamente más que nunca, fija su mirada en la mía, a través del monitor, a cada despertar. No sé, pero siento como si fuera una advertencia.

«¡Deja de mirarme! ¡Para, para, para, para, para! ¡No me mires más!» Grito en mi interior, es mi mente quien grita, lo veo desde las alturas. He aprendido a salir de mí y observarme como una extraña. Y ahí estoy, en la esquina de la habitación, blanca, inmaterial, inmóvil, silenciosa. Mirando con unos negros ojos enormes e inertes el punto negro en que todo empieza y acaba, el inicio y el fin. Retándole a seguirme observando. Me he comido el miedo. Yo soy el todo y la nada. Yo soy el principio y el final. Si quiero, yo soy también lo que hay en el otro lado de la cama.

ELLA NO ES UNA PRISIONERA. NI SIQUIERA UNA INTERNA O UNA PACIENTE. NO SE CONSIDERA ASÍ. SI NO, ESTO NO HUBIERA FUNCIONADO. CONOCE LA HABITACIÓN, CONOCE LOS LIBROS, RECUERDA VAGAMENTE A SUS PADRES, SUS AMIGOS, PERO SIN TRAUMAS. ESTO ES UN ÉXITO DE LOS MEJORES PSICÓLOGOS DE LA TIERRA Y, POR SUPUESTO, DE LAS MEJORES DROGAS. NO IMPORTAN PEQUEÑOS TERRORES NOCTURNOS, ES LO MÍNIMO QUE PODEMOS ESPERAR, Y ELLA CUMPLE SU PAPEL MUCHO MEJOR DE LO QUE NUNCA IMAGINAMOS. TODOS LA SIGUEN, TODOS LA ESCUCHAN Y NINGUNO SOSPECHA DE QUE ESTE PORTAL QUE CREEN QUE HAN ABIERTO TIENE DOS DIRECCIONES. TAMPOCO SOSPECHAN QUE HEMOS ENCONTRADO UNA FORMA DE REPLICARLO, QUE LA MÁQUINA ESTARÁ LISTA EN UN PAR DE AÑOS Y QUE LO QUE PASARÁ POR AHÍ NO SERÁN MERAS PULSIONES ONÍRICAS. SERÁ ALGO REAL, ALGO TANGIBLE. SERÁ NUESTRA SALVACIÓN. Y LOS ENEMIGOS DEBERÁN RENDIRSE ANTE NOSOTROS, LOS HOMBRES REALES. JE. ME GUSTA COMO SUENA. ES NORMAL, A FIN DE CUENTAS. POR ALGO ES LA PALABRA DE DIOS.

Visita los perfiles de @GraceKlimt y de @demotico