La delgada línea que nos une – @JokersMayCry

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Ojalá nos separaran únicamente los kilómetros. Nunca he dejado de andar hacia ti, de pisar el acelerador y frenar sólo para contestarte o escribirte que te quiero. Ojalá fuera cierto que el mundo es un pañuelo para que pudiéramos doblar sus esquinas, ojalá pudiera desordenarlo para que estuviéramos más cerca. Quizá el mundo acabara siendo un caos, pero, si me permitiera despertarme abrazado a ti cada amanecer, no sería tan desastre. Al final, sólo hay que dar el paso.

A veces, nos han separado distancias más sutiles, como las discusiones. De verdad, te quiero mucho, pero, si un día te conviertes en una zombi, te volaré la cabeza con la recortada y te he dicho que el amor, a veces, consiste en sobrevivir.

En cierta manera, hay demasiadas circunstancias que nos separan. En nuestro empeño por mirar hacia adelante, nunca advertimos que estábamos arrastrando con nuestros talones la larga estela de un pasado del que todavía no nos hemos desecho. Todo iría mejor si siguiéramos mirando hacia adelante sin soltarnos la mano ni detenernos a observar qué hay a nuestras espaldas (excepto, siento insistir, si te conviertes en una maldita zombi).

Seguramente, lo que más nos separa es el miedo, esa patología que tiene el ser humano por levantar muros alrededor de un corazón quedándose a solas con un millón de dudas que no logran salir del cerco. Sería como encerrarse en el baño de tu casa con tu novia a punto de convertirse en zombi sin que sospecharas que ella también está infectada. Sí, yo también reconozco mis miedos y mirar esa recortada colgada en el cabecero de la cama me ayuda a tranquilizarme, no sé por qué lloras cada vez que la miras.

No obstante, no importa lo que nos separe, hay algo que nos unirá siempre, un vínculo que creamos en nuestro primer abrazo, un cordón umbilical de diamante que siempre nos mantendrá unidos, el habernos volcado el uno en el otro haciendo que palpitemos en el pecho ajeno que añoramos, haber expirado el alma en un suspiro entrecortado por besos.

Hay una delgada línea que siempre nos unirá: ser felices juntos. Una sonrisa que dedicamos el uno al otro, irrompible y eterna en la que mecernos siempre. Excepto si estás sonriéndome para devorar mi cerebro.

 

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