La Cofradía del Santo Reproche – @Darkvelvet1

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Desde que tú no me quieres, yo quiero a los animales. Y al animal que más quiero, es el buitre carroñero.
Desde que tú no me quieres, yo todos los días me muero y alimento con mi carne, en Monfragüe, buitres negros. Extremoduro.

 

Escribir en copas rotas los fracasos que nos tuvieron y es que había labios besando esas copas antes de la irreparable fractura.

Más que odiarnos nos convertimos en estrofas muertas, como esas palabras que cayeron en desuso. Porque nos avergüenza haber amado lo que hoy nos parece tan pobre.

No es mi costumbre despreciar amores pasados, todos fueron los primeros y los últimos. Me dejaron cicatrices pero también las manos llenas de instantes fugaces y media sonrisa.
Hasta los que no fueron correspondidos me enseñaron algo.

Y este invierno me aleja de los bares que me bebí contigo, de los paraderos invisibles que íbamos a crear para darle envidia al mundo. Los dientes muerden los espejos que puliste para mi y ninguna de estas estúpidas frases va a conjurar una prórroga, no dejamos minutos al reloj y en nuestras memoria sólo seremos islas alejadas y sin mar compartido.

Y aún sé de tu voz vistiéndome las ganas de amordazar hasta a las estrellas para sólo oír el deslizar salvaje de nuestros mutuas revoluciones.
Tal vez me di a la locura con un metro poco fiable y ahora te lamento como lo hacen las flores a las que se pretende arrancar.

A menudo me hierve la pena en tus ventanas.
Este devenir de segundos molestos y camas húmedas me abrirá la carne infinitas veces más. Que fuiste un dolor presentido pero no menos deseado y tu pelo acariciará al aire, la despedida incrustada en esta Cofradía del Santo Reproche, que no convence, ya no saca a su santo porque le faltan hombros y le sobran abriles.

Ya ves, que la realidad es un cliché que le robé a tus besos…
Qué más y qué menos esperabas de una noche de lobos que quiso resguardarse en tus bonitas mentiras. Voz aguardentosa y loca la de mi nacer.
No voy a respirar igual, que ya no te tengo sobre mi para abreviar mi aliento .

Vas a decirme que la culpa es mía aunque sabes que no fui yo quien rompió el espejo.

Con las medias intactas y el corazón roto. Tu buscabas vida para compartir, pero no sabías que compartir es cosa de dos, no es un verbo de dirección única, así que me fui ¿qué hacer si no?

Las historias que se mueren lento dejan regusto a moho y a no se cómo quererte. Yo lo siento por no tentarte lo suficiente, por no decirte que te quiero sólo para mi y para el siempre que nos dejase el mundo.

No era capaz de destejerte esa coraza, de volverte creyente a eso que la gente llama sentimientos, y tú molestias. Me creí grande y con la capacidad de devolverte al mundo y fuiste tú el que me devolvió por falta de uso.

Tiendo las sábanas en este balcón de noviembre notando aún el olor de tus madrugadas en mi sexo y arder me parece pobre definición para las arcadas que me da el no tenerte más. Como odio tu risa, tus maneras de poeta desgastado y obligado a la prosa. Tus marcas de nacimiento, que serás otra herida más que soplar y al puto y no tan santo reproche se le recrucen los estigmas. Para cofradía una luna llena, para este catálogo de reproches, cerveza y tapas de olvido.

Que dura es la soledad de lo que podía haber sido amor, que frágil la tendencia a lo eterno…

(Aún me quedan los bares de la ciudad vieja para darle humedad a esta lengua que hoy se juega la vida al borde de lo último que le diré a tu sombra).

 

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