En su planeta – @LaBernhardt

labernhardt @LaBernhardt, krakens y sirenas, Perspectivas

Yo tuve una novia disléxica. No me acuerdo cuándo fue aquello pero sí cuánto lío había en su cerebro.
La conocí en un concierto de Los Planetas y me llamó la atención su cara porque parecía fuera del mundo; seguramente por el porraco que se estaba fumando, sí, pero también porque esperaba que cantaran Los Flechazos, oye, perdona… ¿éstos son los teloneros de Los Flechazos? y yo que ya iba hermoso de cervezas, me descojoné.
He dicho que me fijé en su cara pero también en sus tetas. Bueno, quizás solo en sus tetas pero juro que en su cara también, ¿qué dices, loca?, ¿qué teloneros, si solo actúan ellos?.
Para cuando la de las tetas perfectas aterrizó en la cruel realidad, joder, que me he equivocado y te juro que venía a ver a Los Flechazos y no a este triste que no se le entiende cuando canta… hostias, qué idiota soy, a mí me dolía la mandíbula de reír y escuchaba a Jota cada vez más lejos, que ese día no estuvo muy fino, porque toda la sangre del cuerpo se me fue a la polla.
Acabamos en su piso y para mí fue la primera vez que se lo hacía a una tía por detrás.
Nos quedamos dormidos y cuando al día siguiente yo le pregunté si le había dolido, si le molaba hacerlo así, me contestó que no, no te preocupes que no duele. Me mola normal, ayer es que me equivoqué de agujero. Oye, ¿quieres ducharte antes de irte?
Macho, qué loca está. Eso fue lo único que pensé.
Quedaría genial decir que después de ella nada fue lo mismo pero eso sería mentir porque los polvos de una noche, incluidos los más marcianos, siempre se me han olvidado en días y a veces en horas.
Poco después de la de las tetas perfectas empecé a salir con mi primera novia oficial. Duramos casi 3 años pero me dejó por desastre. Y por infiel, eso también pero es que era tan perfecta, tan de no equivocarse ni dejar que yo me equivocara que me tuve que largar de su mundo cuadrado.
Una tarde de julio en la que cayó la mundial en Madrid me volví a encontrar con aquella loca. Alguien pensará: oh, el Destino pero lo cierto es que yo no caí en aquello porque no la reconocí hasta que me dijo que ella era aquella del concierto y demás.
¿Y qué haces por aquí?
¿Y tú?
Pues yo quería estudiar Filosofía en Salamanca pero en los códigos la lié y sin saberlo, elegí derecho en Madrid.
Hostias, sigues igual, entonces. Yo estoy en Periodismo porque quería hacerlo aquí.
Ammm.
Ya te digo.
Esa tarde acabamos tomando unas cerves en Vallecas después de perdernos 15 veces con las líneas de metro, jo, que te juro que sé llegar a Malasaña, tú confía en mí. Y claro.
Igual suena cursi pero no la imaginé desnuda mientras ella me contaba su vida.
Me hacía reír con sus historias de cagadas históricas, tengo un súper poder, escribo al revés, ¿tienes un espejo?
Sí, claro, ¿y qué más? ¿Tengo pinta de pintarme los labios?
Pues pido uno, espera.
Escribió algo incomprensible y luego puso el papel delante del espejo: “Tengo hambre y la nevera vacía, ¿me invitas a cenar?”
Me partí de risa, esta tía no es de este planeta.
Se llama escritura especular, súper poder que tenemos algunos disléxicos, me explicó.
Fuimos a cenar, claro y durante los siguientes 4 años vi en el festival de teatro clásico de Almagro, por error, el suyo, 4 obras de Calderón en lugar de las de Lope, es que no puedo entenderlo, te lo juro. Yo estaba convencida de que había seleccionado La dama boba. Ay, el año que viene no la lío, de verdad que no.
Y yo me reía y me la comía a besos porque para entonces estaba tan enamorado que no hacía más que negarme el puto Te quiero que se me quería salir de la boca. A ella sí se le escapó.
Te quiero.
¿No querrás decir Me meo?
Eres subnormal profundo.
Esa noche me sentí fatal porque sabía que mi chica de otro planeta estaba diciéndome un te quiero perfecto y yo me acojoné y un par de meses después de aquello la dejé.
Me casé con una ingeniera informática, tuve dos hijos, un perro y un conejo de esos con pelo y que huelen a mierda todo el rato. Puedo decir que soy moderadamente feliz porque nada ni nadie altera el orden calculado de mi vida.
El sábado pasado mi señora y yo estuvimos en una boda, la gente no se cansa de fomentar la demencia; casarse otra vez, no puedo entenderlo, me decía Eva de camino al restaurante.
Ya en las copas, fui a la barra a por una. Sonó Un buen día y la gente no la recibió con demasiado entusiasmo. En la pista, sin embargo, una chica morena de ojos grandes, pelo corto y tetas perfectas para tener 45, bailaba sola y sonreía mucho.
Nunca me equivoqué, siempre estuvo en su planeta.

 

Visita el perfil de @LaBernhardt