Dioses sin religión – @alasenvuelo

Yamile Vaena @alasenvuelo, krakens y sirenas, Perspectivas

Todo comenzó como un juego. ¿Quién era yo para detenerlo? Estaba aburrido Y me puse a jugar con las manos. Un chasquido, dos, luego la chispa. Así.

Cuando surgió la brizna de luz entonces la oscuridad se hizo más atractiva. Las sombras empezaron a jugar con la imaginación, sobre todo, con los matices. No había absolutos. Lo que comenzó como un juego se fue transformando en imágenes, historias, protagonistas.

El aburrimiento nunca fue lo mío. Así, casi sin darme cuenta, empecé a crear desde ese concepto: La chispa que resalta la oscuridad, las sombras que se derivan de ella, las luces y fuegos impetuosos que se crean desde la chispa. Las llamas humeantes, el aroma incandescente y los matices. Los colores abalanzándose a la oscuridad, las tesituras. Bailando una danza de cánticos incomprensibles. (Porque de la chispa vino el sonido y el movimiento, ¿te lo dije? No podía descuidar los otros sentidos.)

Así, desde las sombras y su contraste, lo creé a él. No me salió bien al primer intento. Se deshacía entre mis manos. Feo, deforme, aburrido. Lo deshacía para volver a formarlo. Uno, dos, tres intentos. El cuarto quedó decente. No era perfecto, pero como ocurrencia estaba bien. Le di 5 regalos. Lo necesario para que se regocijara en sus sentidos.  Decidí observarlo.

Como autor que quiere pavimentar la esencia de una historia, le puse una escenografía. Allí sí, sin casualidad, me esmeré. Ya para entonces tenía habilidad con la chispa, y pude jugar a gusto con todo. Mares, ríos, grandes prados, enormes montañas.

Mi bobo principal, no hacía gran cosa y me aburría mirarlo.  Tenía  que decirle qué hacer, era casi una marioneta. Así que decidí darle un último regalo.

Un soplo con la elección.

Allí se arruinó todo. En un segundo creó y destruyó su mundo. Se reprodujo como conejo, asesinó sin ton ni son, y un día. Así de irreverente. Decidió que me necesitaba. Así que empezó a inventar cosas para “acercarse a mí”, “para comunicarse”.

No tardé en eliminarlo.  Su creación fue mucho peor a toda su destrucción: Religión, le llamó.

Y nada me ha asqueado más, que revolver eso “con la chispa”.

Desde entonces, ya no juego con la luz. Ahora sé que es peligroso.

 

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