Di mi nombre – @DeNegraTinta

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No sabe como me asusta la mujer en la que me ha convertido, pareciera que en un chasquido de sus dedos mi voluntad quedara reducida a todos sus deseos. Me desconozco, y sin embargo sigo siendo la misma dama de vestimenta y modales impecables, que roba miradas y deleita a su paso con el aroma del mas fino perfume.

Camino calzada en un par de tacones altos -muy altos- que alargan las piernas, desatando la imaginación de cuanto caballero me observa. Seguramente se preguntarán, hacia donde me dirijo, con quién. Solo yo sé hacia quién, hacia él.

Hoy no vivo por vivir, aplaudo mi semblante y la sonrisa que irradia entre mis labios. He sido descubierta por propios y extraños llevándolo a todos lados. Transito con la seguridad que me cobija desde su ojos. Ansío la hora de encontrarme con su boca para exigirle desde adentro con todas mis ganas «di mi nombre», estremeciéndome de a mucho, envuelta en su voz y todo lo que precede a ese sugestivo clamor.

Despierta, despeinada, vestida hasta el alma; viva, viviéndole irremediablemente. Para qué desnuda, si descalza se toca la tierra que él pisa. Y es que a mis ojos, no es su cuerpo lo que despierta la urgencia, es su esencia desbocada la que me recorre en cada uno de sus movimientos, la que suplica más paisaje a mi mirada.

Me prometí amarlo libre de ataduras en pies y manos, sin nudos en la garganta que hicieran de mis palabras cabos que amarrar. Lo sujetaré con más fuerza, sin miedo, también diré su nombre libre de prejuicios y falsas expectativas. Así lo necesito, libre, loca, transparente y expuesta. Porque ese hombre me reconoció entre todas, entre tantas, para cobijarme con su pensamiento y convertirme en certeza de todas las promesas por cumplir.

Es que hay hombres por los que no se quiere miserablemente, pero tampoco se muere de amor, solamente de desvive como si fuera el último de los días para entregárselo todo. Siempre él, en todas mis tazas de café, en cada descorche y sorbo de tinto, en el temblor de mi boca y manos que no solo escriben lo que necesitan demostrarle.

Es todas las cosas que amo, que me arman y fragmentan. Que ciegan, dándole soltura a todas mis fantasías. A esas cosas que solo yo entiendo, como cuando su manía de besarme de punta a punta, sin dudar que en mí los limites existen. Por sus manos sé de humedades, no solo de aquellas que carcomen las paredes hasta hacerlas escombros, o de los ríos que desbordan cauce para sembrar destrucción y caos, sé de él y de todas sus maneras de provocar mareas, sin luna, sin sol, incluso sin nosotros.

Pido eternidad en ese montón de preguntas sin sus respuestas, en su provocación y en la ansiedad de mis dientes por morderle. En el dilatar de sus pupilas y su asombro por mis conductas y decires deshinibidos de pudor, colmados de insinuación y pecado. En el necesitar, del verbo correspondido en todas sus conjugaciones. En el dar, del tiempo y sus prisas cotidianas, en el admirar de todas sus acciones y hechos.

Dejaré que el tiempo corra solo para escribirle un poco menos, para disfrutarlo y besarlo un mucho más, sin prisa. Para mirarlo de dentro hacia afuera y viceversa, así hasta que se me acaben los ojos, o la vida decida cerrármelos de tanta envidia; porque a fin de cuentas no solo vive por todas las razones, al final yo vivo por y para él cada vez que pronuncia mi nombre.

 

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