Condenado sin juicio – @DeNegraTinta

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Otra vez septiembre -transcurre una semana más- siempre entre cuatro paredes y un mundo inexistente girando en mi cabeza. Me recuesto mirando al techo como si ahí estuvieran escritas todas las respuestas que necesito. Estoy cansada de leer lo mismo todos los días, todo redunda en el mismo tema, todo nace desde el mismo lugar. Eres una inagotable espiral, ¡me estás volviendo loca de amar!

Tienes esa mala costumbre de encender para dejar consumir – no hablemos de las brazas que carcomen todo después del incendio- me extingues de a poco, y ni siquiera te molestas en quedarte para recoger las cenizas.

Eres el hombre destinado a transitar en mi pensamiento, vas y vienes tantas veces como los minutos caminan en una hora cualquiera. He terminado por dejar el corazón en donde solo existe lugar para la imaginación. Hoy mi vida se mide en el numero de latidos que retumban cada vez que la vista asomas, has aprendido a darme cuerda sin necesidad de los dedos, extensión de tus manos que llevan inconclusos significados en palabras como «acariciar», un verbo imposible de conjugar a pesar de los ríos que desbordan en cada insinuación que declaras.

¡Qué desperdicio! Aquí yacen todas las emociones que podría provocar el amor postradas sobre una cama enfundada en sábanas blancas que de pureza nada entienden, de luto deberían vestir, después de ver pasar tantas noches de intenciones obscuras teñidas de tanto desearte. Que pobre besan los que no tienen nada que decir y se limitan a escribir lo que el miedo les dicta.

Tan soñadora, que me hice la promesa de quererte siempre esperando que fueras el último. Escribes de otoños como si no supieras que me has detenido en todas tus estaciones. No puedo culpar al amor que siento cuando tú eres el único responsable.

¡Maldita sea la hora en la que llegaste a mi vida! no sé quienes somos y qué hacer de tanto que me faltas. Tan virtuosa soy, que solo veo lo que nadie puede ver, siento lo que nadie puede sentir resumido en un «te necesito».

Estoy cansada de tus amenazas, del simulacro que anuncias escondido entre las palabras; que cimbra y desata para hacer un nudo de infinitas proporciones, que esclaviza ojos y manos.

¡Me rindo! así con énfasis y resignación, entendiendo que existen personas que nunca llegan sin importar cuánto se nombren. He resistido más de un infierno, dos inviernos, tres infinitos, siempre aferrada a ocupar un espacio en tu boca.

No hay nada más triste que leerte sin mi, por eso te exijo… ¡rómpeme el corazón, el alma, la ilusión, de una vez por todas! Deja de imaginar como es que vives tan dentro. Respira hondo, aqui huele a ti, a tierra mojada. Imagínate siembra y comienzo bajo la luna, déjate crecer raíz, árbol, hoja cobijada por el sol. Resucítame de entre los vivos, camina junto a mí hasta el centro de la tierra o destierra sin recato ésta estúpida idea de llevarte sobre y bajo la piel. Sacúdeme el polvo, sécame la lluvia y las lágrimas. Lleva mi tristeza entre los pies, permítele avanzar colgada de tus pisadas sin importar que dejen cicatrices o huellas.

Estás condenado sin juicio a permanecer de por vida como el único habitante de mis insomnios y falsos despertares, cada día me haces vivir en un sueño. También en el presentimiento que se lee de adentro hacia afuera y viceversa. Solamente me resta pedirte un favor: memoriza éstas palabras «eres para siempre», sin mayor preocupación o pretensión que la de saber que aquí no ha pasado nada, solamente Tú.

 

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