Brujas – @Darkvelvet1

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Mi abuela decía que las brujas eran las guardianas de la fe en lo imposible.

Tal vez lo decía porque ella era un poco bruja.

Tal vez porque vio a muchas mujeres hacer magia.

Tampoco es que fuera una revolucionaria, pero era valiente.

Nació en un pueblo pequeñito en medio de la montaña que separa León de Cantabria. Nevaba mucho, seis meses de luz blanquecina y mucho frío. Odiaba la nieve.

Hablaba de pequeñas revoluciones. Cuando estaba mal visto y casi prohibido que las mujeres montasen en bicicleta y llevasen pantalones, ella hizo ambas cosas. Se paseaba por las calles orgullosa y si veía corrillos de muchachos criticarla, se bajaba de la bici y les plantaba cara.

Se rumoreaba por el pueblo que llevaba una pistola en la liga.

Era dura, pero buena y consecuente.

También tuvo que renunciar a cosas. Quiso estudiar derecho, pero su padre le dijo que si quería estudiar, que fuese maestra, como él. Ella se negó con un sonoro “a los niños que les aguante su madre”. Siempre le quedó esa espina clavada.

La voluntad de las mujeres estaba sitiada, alienada.

Sé que en el fondo hubiese preferido ser independiente. Tuvo cuatro hijos y aunque decía adorarlos, cuando yo comentaba que nunca iba a tenerlos, ella jamás me pregunto porque. Lo entendía de sobra.

Hoy no me apetecía escribir un poema, ni una historia de miedo. Tenía ganas de gritar, de hacer un alegato a favor de todas esas mujeres que la historia convirtió en brujas.

Hablar del sufrimiento de no poder decidir, de la sumisión obligatoria, de los golpes, el desprecio y la culpa. Por aquellas mujeres que a pesar del adoctrinamiento, supieron hacerle frente a las limitaciones. Por las que no supieron o no pudieron hacerlo.

El machismo no es un libro o una exageración. Es una realidad. Una realidad que despojó del derecho a vivir como quisieran a miles de mujeres. Una realidad que sigue carcomiendo nuestra libertad, nuestro cuerpo y nuestros sueños.

Que no sólo se quemó a unas mujeres por brujería, se nos condenó a todas. Ese fuego sigue ardiendo.

Aún se nos culpa por ser víctimas, por haber seguido en algunos casos los dictados de una sociedad que nos rebajaba al nivel de niños, o enfermos mentales. Aún no se comprende la alienación sufrida.

Mi abuela siempre decía, que primero fuese yo. Que estudiase, trabajase… Lo que yo quisiera.

Tal vez es que hoy soñé con ella y me acordé que toda mi vida escuché decir que mi abuela era un poco bruja.

Brujas como soles en un mundo dormido y asfixiante. Podrán quemarnos, pero con la ceniza de su no, se escriben las bases de la siguiente lucha.

¡Ojalá, abuela, haber podido verte estudiar!

Y gracias, por haberme legado un poco de tu valentía y un mucho de tus valores.

Queridas brujas, que no cese el aquelarre.

 

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