A golpe de bisturí – @anapsicopoet

ANA CASADO @anapsicopoet, krakens y sirenas, Perspectivas

Cada mañana te pones frente al espejo y al mirarte…

– No me gusta mi nariz… no tengo los pómulos marcados… estaría mejor si mis labios fuesen más carnosos… cómo voy a atraer a alguien si apenas tengo pecho. Si tuviese el cuerpo y la cara de la actriz de la película de anoche, todo sería diferente.

Todo sería diferente, y tú no serías tú. Nos obsesiona la apariencia como si de eso dependiese nuestra valía. Y es que en la sociedad de la superficialidad se valora a las personas de fuera a adentro y no de dentro hacia fuera. Y así nos va. Si es más importante cumplir un canon de belleza establecido socioculturalmente, que una jerarquía de valores, ¿qué podemos esperar? Pensamos que a golpe de bisturí se solucionarán nuestros problemas. Que quizá sea más fácil encontrar pareja, o un trabajo, o simplemente ser aceptada en determinados círculos. Y lo más triste es que posiblemente sea cierto. Sería maravilloso que te levantases por la mañana y al desnudarte vieses la belleza de tus pequeños pechos, que imaginases todos los besos que saldrán de tus finos labios. Eres herencia genética, marca única. Y por mucho que nos vendan un prototipo de belleza, ésta es tan subjetiva como lo es todo. Solo una persona con su interior vacío daría más importancia a tu físico que a tus entrañas, ¿es tu fachada el principal motivo por el que quieres que se te valore? ¿Alguna vez te paraste a pensar por qué el 98 por ciento de las cirugías de estética son practicadas a mujeres? Se nos sigue exigiendo ser perfectas, y se olvidan de la belleza de la imperfección, de la relatividad de la perfección y de dar valor a lo que realmente lo tiene. Si piensas que encontrarás la felicidad en una nariz perfecta, ve a Teherán, cuna de la rinoplastia y dime cuántas mujeres felices ves. No sé qué se queda en un quirófano ante una operación de este tipo, pero la baja autoestima no es. “Ahora sé que la felicidad no está en un quirófano, pero otra vez estoy aquí”, esas fueron las últimas palabras de mi amiga Sonia antes de someterse por tercera vez a una operación de aumento de pecho. Esta vez no salió. Odio con todas mis fuerzas el movimiento que hace que la mujer tenga que modificar su imagen para sentirse valorada por el resto. Si alguien no te ve bonita, no es tu problema, son sus ojos.

 

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