6 grados – @candid_albicans

Candid_Albicans @candid_albicans, krakens y sirenas, Perspectivas

[Viene del Capítulo 2]

Capítulo 3

 

Manuel

Sólo es un papel. Un puto papel. Una broma pesada. Lo sujeto entre mis dedos temblorosos mientras apuro la última cerveza. Ya he bebido suficiente por hoy. Necesito pensar con claridad. Meto las monedas del cambio en la máquina tragaperras. No ha habido suerte. Rasco los bolsillos del pantalón. Un billete de veinte me hace un guiño: Venga, esta es la buena. Es todo lo que tengo para pasar el resto del mes hasta que cobre el paro. Me lo pienso mejor y salgo del bar. Aunque, quien sabe, puede que mañana a estas horas ya esté muerto.

Saco del bolsillo la carta y la vuelvo a leer mientras arrastro los pies, sin ganas, camino de casa. Las letras, borrosas, bailan ante mis ojos: “alguien te ha nominado para morir”. Algún graciosillo la deslizó por debajo de la puerta de mi casa esta mañana. No me gustan las bromas. Si averiguo quién ha sido el hijo de puta me lo cargo a hostias. No tengo nada que perder. Ya no tengo nada, para ser exactos. Una vez tuve una vida. Un buen trabajo, un hijo, una esposa. Ya solo me quedan deudas, el recuerdo de un hijo que yo mismo entregué a la muerte y una botella que me ayuda a olvidar quien soy, en el fondo de una alacena. Pero si alguien piensa que me va a joder más todavía con esto, está muy equivocado. Paso de esta mierda. Hago una pelota de papel con la puta carta y la tiro en la primera papelera que encuentro de camino a casa.

Llego. Me sirvo un vaso de vino y me desplomo en el sofá. Intento apartar de mi mente todo este tema, pero no puedo. ¿Quién iba a querer verme muerto? La idea de que quizás esto no sea una broma va cobrando peso y decido volver para recuperarla de la papelera. Apuro el vaso de vino de un trago y salgo casi corriendo. Me tiemblan las manos. Los pies no responden bien al alcohol y voy tropezando casi con cada adoquín que sobresale. Por fin recupero la dichosa carta. Tengo en mente a mi vecino el maltratador, al hijo de puta que mató a mi hijo y a mi ex mujer. En el caso del vecino la cosa no va conmigo, así que lo descarto. El que le quitó la vida a mi hijo tiene casi todas las papeletas, pero ahora que él está muerto, ese hombre me es indiferente. Al fin y al cabo la culpa fue mía. Sin embargo a la que le reservaría un lugar de honor en el infierno sería a Sara, mi ex mujer. Después de haber removido cielo y tierra para que se hiciese justicia y ese hijo de puta pagase por lo que hizo, ella me dio la espalda. Según ella nunca hice lo suficiente. Mi depresión y mi alcoholismo le sirvieron como excusa para echarme de casa tras el divorcio. De nada sirvieron mis súplicas. Me encontré en la calle sin dinero, sin pertenencias y sin trabajo. Sin vida. Sin nada. Espero que te den lo que mereces, zorra.

 

Sara

Tengo un papel arrugado entre las manos que me dice que he sido nominada para morir. Lo encontré medio escondido bajo el felpudo al volver del oncólogo esta mañana. Atención: dice que me salvaré si nomino a otra persona. ¡Nominada para morir! ¡Ja! Esto sí me hace gracia. Yo, que he sido señalada por el mismísimo dedo de Dios dos veces, a falta de una. Yo no me rindo, seas quien seas, todavía no es mi hora. Yo he apretado los puños hasta clavarme las uñas en las palmas de las manos y con ellas en carne viva me he aferrado a la vida. Con mucho dolor. Y aún así jamás me he rendido. No voy a hacerlo ahora. Nominaría a Dios, pero ya lo maté cuando se llevó a mi hijo en un accidente de moto. Le di la espalda a él y a toda su puta legión de eunucos, mártires y vírgenes. Si alguien merece morir es el hombre que lo atropelló mientras iba en su moto a la facultad. Iba bebido y drogado y se dio a la fuga tras matar a mi niño. Si tan sólo hubiese pagado con una condena justa… Pero un golpe de talonario y unos cuantos contactos le ayudaron a continuar con su vida como si hubiese atropellado a un perro. Me quedé sola con un marido que empezó a llegar a casa borracho cada noche y cuyo sentimiento de culpa por haberse negado a llevar a nuestro hijo a clase esa mañana se hacía cada vez más insoportable. Y ni sus chantajes emocionales, ni su alcoholismo, ni mi primer cáncer de mama pudieron con mis ganas de luchar por la vida. Ni tampoco el segundo, recién superado. He llegado a acariciar el filo de un cuchillo con mis muñecas, mientras troceaba tomates sin verlos, con los ojos inundados en lágrimas. Pero jamás he sucumbido a lo fácil: a huir del dolor. Así que te puedes ir a la puta mierda. No pienso morir. No pienso nominar a nadie. No quiero la salida fácil para nadie. Cada uno que lidie con sus monstruos, con su conciencia o con lo que le haya tocado. La vida ya se encargará de darle lo que le corresponde. ¿Quién soy yo para negarles a los hijos de puta la amargura de vivir?

Cuando vengáis por mi os estaré esperando. No me voy a ir sin luchar. Para que lo entendáis, la meteré bajo el felpudo, sí, pero rota en mil pedazos.

A la mañana siguiente Sara se pinta la sonrisa de rojo, se calza unos tacones, se recoge el pelo y sale a comprar el pan. Que no se diga que no se ha vestido para la ocasión. Pero todo sigue igual que ayer. El suelo no se ha abierto a sus pies, el cielo no le ha caído encima, no hay nadie acechando. Mientras vuelve a casa, piensa que lo más sensato habría sido acudir a la policía con la carta, pero lógicamente le habrían dicho que no podrían hacer nada con tan poca información. ¿Qué iban a hacer? ¿Procesar las huellas dactilares como en las series americanas? La idea la hace sonreír. Lo más probable es que todo este juego fuese una broma de mal gusto.

Al llegar a casa ve un sobre en el suelo, que alguien ha deslizado bajo la puerta. “Le agradecemos que haya formado parte de nuestro estudio sociológico. Nuestro juego termina aquí, porque usted así lo ha querido. Por desgracia, en el juego de la vida no hay nadie a salvo del odio, la ira o el egoísmo que todos albergamos.”

 

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