Yo no existo – @_soloB + @GraceKlimt

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Hay días, pero pocos, en los que se me olvida comprar el café. Entonces sé cuando me levanto a la mañana con la mente cargada de humo, que no voy a empezar con buen pie. Esos días que son para borrar del calendario, esconderse bajo las sábanas y desear que solo vuelva a amanecer. Pero toca ponerse en pie, una vez más, un suspiro más, una lágrima más, un esfuerzo más, una sonrisa menos. No me gustan esos días.

Intro estridente, horrible, desafinada. Son mis oídos los que sangran ante el sacrilegio. Aquella canción era nuestra canción, y ahora suena en otras camas sudadas donde ya no son mis pies los que se enredan con los tuyos. Qué obscenidad. Nunca he entendido cómo pueden regalarse estrofas, pasarlas de mano en mano y de boca en boca, y de corazón en corazón y besar otras nucas en el estribillo que fue casa y ahora es puñal. Apago la música, y huyo.

Me culpo, me castigo, me fustigo por cada error que cometí y los que pude haber evitado. Soy experta en morir y resucitar. Se me vuelven los ojos rojos de tanta lágrima descorazonada. No encuentro salida, no veo la luz al final del túnel, no hay retorno, no hay puntos de sutura suficientes para que la herida no se desgarre. Imagino que tengo alas, pero me miro en el espejo y mis ojeras hunden mi rostro cada vez más apagado. Me lamo, escupo sangre, vomito, me lavo la cara. Me odio.

Plano secuencia. Un montón de golondrinas alzan el vuelo, alucino, parece precioso, pero no. Al descubierto, ahora puedo ver dedos acusadores señalando en una misma dirección. Los observo correr hacia la presa desde la ventana, como espectadora de excepción en una peli mala americana de serie B. Sin cortes ni anuncios publicitarios. El débil vuelve a perder otra vez. Le abrazo en la distancia y reniego. No quiero vivir en un mundo que huele a podrido.

Un mensaje a media noche. Una sonrisa que brilla en los ojos. La música me envuelve solo con rozar sus dedos en mi piel. Parece calor, pero sé que después viene el hielo, cenizas, palabras que se las lleva el viento. No quiero follar sin sentir. Vacíos post-coitales. No quiero enamorarme. Cabeza y corazón en la eterna lucha. Me arde el pecho y me duele la última espina clavada. Quiero creer y no puedo. No quiero lenguas que besan mentiras.

Cae el telón. Sigues hablando, pero yo hace tiempo que no te escucho. El primer acto finalizó mucho antes de la primera cerveza, querido. Me miras a los ojos, te mantengo la mirada. Un pequeño sorbo y sonrisa condescendiente por tu parte. Iluso. Mis dedos juguetean en la boca del botellín y mi mente vuela lejos. Ya ni siquiera pienso en devorarte, no tienes ni idea de lo poco que me importas. Tu vista cae a mi escote. Me inclino para que te asomes mejor, premio de consolación. Se ha acabado la obra, y ya me he ido, pero no te enteras. Me aburre tanto seguir el guión.

Me da la mano, sus ojos son mi motor, su risa es y me da vida. Me grita “te amo” enredando sus dedos en mi pelo. Se para el mundo. Me bajo aquí. No necesito nada más. Me llena.

Y luego están los libros, los poemas, las canciones, correr a ciegas y abrazar árboles, pisar descalza la arena y escuchar el mar, los abrazos, el refugio de una caricia sincera. Vibrar.

En los días que no me gustan, en los lugares de los que huyo, en las veces que me odio, en el mundo podrido, en las lenguas mentirosas, en los guiones aburridos, cuando los cuervos invaden mi cabeza y me devoran, yo no existo.

En la trinchera que son quienes amo, puedes venirme a buscar.

 

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