Ya no llueve como antes – @Candid_Albicans

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– Mami ven a la ventana, está lloviendo ¿hacemos una carrera de gotitas de lluvia? La mía va a ser la más rápida, ya lo verás.

Ya han pasado tres años desde que te fuiste, y ni un sólo minuto de cada día sin que te tenga presente. Ni a base de hermosos recuerdos he conseguido llenar el vacío que dejaste en nuestras vidas.

Recuerdo como si fuese ayer mismo el día que te supliqué que te quedases conmigo, que no me abandonases. No me escuchabas mientras agarraba tu cabeza entre mis manos y besaba tus ojos, tus mejillas, tu frente, tus cara empapada en mis lágrimas, gritándote por favor que no te fueses, con un nudo en la garganta que me estrangulaba impidiéndome emitir sonido alguno. Pero gritaba, vaya si gritaba. Esa tarde grité hasta desgarrarme alma y corazón. Y ambos, o lo que quedó de ellos, se fueron contigo.

¿Porqué le tienes manía a la lluvia, si ya no vas a encoger más? Ya soy más alto que tú. Jajajajaja. Venga, te llevo yo las bolsas y te echo una carrera hasta el portal.

Perderte fue perderle el sentido a la vida, el miedo a la muerte y el respeto a dios. Fue olvidar porqué me levantaba cada mañana, o porqué seguía viva si ya no comía. Por dos veces intenté irme contigo de la mano de unos cuantos diazepam, pero la vida siempre acababa echándome encima sus garras y trayéndome de vuelta, como si todavía le debiese algo a esa hija de puta que me había arrebatado lo único que tenía, y que a la vez lo era TODO.

Que sí, que ya sé que llueve, ¡qué manía con la lluvia y qué poca confianza! Hace dos años que tengo el carnet, mamá. Venga, dame un beso y deja de preocuparte tanto. Volveré pronto, te lo prometo.

Todavía conservamos tu grabación de voz en el contestador del teléfono de casa. No sé cuántos mensajes habré dejado pronunciando tu nombre entre lágrimas de angustia mientras acariciaba el auricular esperando que me contestases, ni cuántas noches me he quedado dormida abrazada al teléfono mientras remarcaba sistemáticamente una y otra vez.

Ahora, tres años después, puedo escuchar tu voz casi sin llorar, dormir sin ansiolíticos y levantarme cada mañana orgullosa de haberte dedicado veinte años de mi vida a cambio de lo único que tú podías ofrecerme: Amor.

 

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