Volver a donde no hizo frío – @alasenvuelo

Yamile Vaena @alasenvuelo, krakens y sirenas, Perspectivas

Tienen que arder los demonios en las entrañas de la tierra para mirarte en silencio y saber. Nunca seremos los mismos. Nada ha cambiado, pero el mundo está incendiándose en lava ardiente. Los sobrevivientes ya no distinguen entre consumirse en el infierno o en la misma tierra. Es casi un castigo conservar la vida. Respirar.

La maldita empatía acabará matándote. Me dijiste en ese tugurio de mala muerte, apurando el trago amargo de un aguardiente adulterado, el único elixir de vida que le queda a las almas en pena como nosotros. Y tenías razón. La empatía es un gusano rastrero que se adentra en tu garganta y apenas tiene contacto con tus entrañas empieza a multiplicarse peor que el cáncer. Se cierra en tu garganta, se agolpa como peso en tus pulmones, eriza tu piel y concentra la furia y la impotencia en tus venas, los puños cerrados, las lágrimas contenidas lastimando los ojos, al sentir millones de piedras explotar en tu estómago.

Y no es para menos, la empatía es lo que hizo que el diablo quemara sus alas. No fue la envidia como muchos piensan. Luzbel enamorado de la creación tan perfecta que era el hombre, quiso sentir en su piel igual que la criatura de su padre y se arrancó a mordidas las alas, las enterró en las entrañas de la tierra y las disolvió en lava. Nadie lo sabe, pero fue el inicio de los volcanes. Cada vez que una de las plumas de Luzbel tratan de regresar a la espalda de su dueño, un salvaje volcán ruge en la superficie y el infierno se propaga como alma en pena en busca de su propio creador. A veces la explosión es arrasadora con una furia inminente, volviendo estatua de piedra a todo ser vivo a su paso, bañándolos de cenizas y olvido. A veces, la lava repta despacio, como recordando la inevitabilidad del tiempo, desolando todo a su paso con una lentitud abrumadora. El lenguaje del volcán en su furia, despacio o rápido: siempre acaba destruyéndolo todo.

Ya sin alas, el ángel caído pudo sentir en su propio cuerpo la agonía de la vida del mismo hombre, el dolor, la podredumbre, los placeres simples, las perversiones más excelsas, la alegría por la vida, la intensidad de la muerte, el amor, la tristeza y el gozo.  Nadie adivinaría que el regalo inconsciente que le hizo el diablo al Adán perfecto y a su Eva, no fue el pecado, sino la empatía.

Y los 7 pecados capitales nacieron libres y hermosos, de esa empatía…

Tenías razón. Fue mi perdición. Miro la torre de ceniza, escucho los gritos y veo la lava ardiendo salir a borbotones en abundantes ríos de fuego. Es sólo un video al otro lado del mundo, está sucediendo ahora mismo, y yo puedo sentir como la furia del volcán carcome mi alma, nunca antes extrañé tanto mis malditas alas. ¿Qué estaba pensando?

 

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