Vértigo – @GraceKlimt

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«Todo es frágil
tu costumbre de amarme, mi fe,
el silencio y la vida que duerme
en un vagón de tren»
Ismael Serrano

11 de marzo de 2016

Podría haberla escrito yo.
De hecho, hay días en los que creo que mi alma salió de mi cuerpo en algún momento de aquella horrible locura, y se quedó para siempre a vivir entre las notas musicales esperando que alguien la rescatase y le diese forma de canción.
¿Cuántas veces puede escucharse el mismo tema, si contamos como escuchar todos los momentos en blanco y sin música del día, y todas las noches en vela y con su recuerdo instalado en el hueco donde en su día me latía desbordado el corazón?
Infinitas, veces infinitas.
Pues yo, la tarareo infinitas veces a cada instante, y así, de alguna forma extraña, vuelvo a abrazar a Raquel.

11 de marzo de 2004

Han pasado 12 años.
Nos conocimos el 11 de marzo de 1992, cuando llegué nuevo a aquel colegio horrible de Madrid. Odiaba la ciudad, odiaba a mis padres por haberme traído aquí desde mi playa, y odiaba ser el novato de la clase. Pero entonces la vi, sonriendo desde la tercera fila, la segunda chica por el lado de la derecha, despeinada y más guapa que ninguna, y me susurró «hola Diego» y yo leí sus labios y entonces Madrid me pareció el mejor lugar del mundo, y las aceras olían a sal, y aquel colegio inmundo era el Paraíso.
Teníamos 12 años, y no nos hemos vuelto a separar.
Media vida juntos, y hoy, voy a decírselo al fin. En cuanto se baje en Atocha, con la coleta a medio hacer, las gafas a punto de resbalar de su nariz, y los libros escapándose entre sus brazos.

«Será que se ha ido la inocencia que llevo conmigo,
si será el dolor, este amanecer que me ha helado el alma,
quiero despertar, porque no puede ser verdad,
esta mala hora.»
Amaral

11 de marzo de 2016

La vida se fundió a negro aquella fría mañana de invierno.
Teníamos 24 años, y los bolsillos llenos de ilusiones.
Yo le había dicho la noche anterior que me dolía mucho la cabeza, que no iría a recogerla al tren como cada día, pero era mentira, solo quería hacerla rabiar. En realidad, tenía preparada una sorpresa, tal vez era una tontería, pero le había comprado un colgante de esos dobles, en los que uno es la cerradura y el otro la llave, y se lo iba a dar en cuanto bajase del vagón.
«Ahora puedes entrar, instalarte para siempre, y cerrar por dentro mi corazón», pensaba decirle, ya, menuda mariconada, pero era tan bonita y estaba tan llena de vida y yo la amaba tanto.
Y entonces, de pronto, nada.

11 de marzo de 2004

Qué nervios.
Mientras vengo paseando desde mi casa a la estación, no hago más que repasar mentalmente todo lo que va a ocurrir, una y otra vez, mientras acaricio los colgantes que llevo guardados en el bolsillo de la cazadora.
Tengo el estómago del revés, como cuando vas a montar en la montaña rusa, siento una sensación de vértigo impresionante.
Vértigo, esa es la palabra.
Vértigo, cada vez que me mira, me abraza, me besa.
Vértigo, si no la veo.
Vértigo, solo de pensar en ella.
¿Qué hora es?, corre, corre!!, que va a llegar su cercanías, espabila!!!

«Recuerdo el día que te fuiste
una mañana de invierno
subiste a ese tren
e hicieron de mi vida un infierno.»
Luz Casal

11 de marzo de 2016

Tengo 36 años.
He vuelto a la playa, Raquel.
La vida se quedó en stand by al irte, y las aceras de Madrid perdieron el olor a sal y volvieron a convertirse en hormigón y asfalto asfixiante.
Necesitaba aire, necesitaba volver a respirar, sacar de mis pulmones el humo que se instaló en ellos aquella mañana y volver a recuperar el oxígeno.
Así que me fui, sin saber muy bien buscando el qué, o huyendo de dónde.
Sé que sabes que siempre te llevé conmigo, y sentía tu presencia, tu flequillo rozando mi nariz por las noches, tu aliento en mi nuca cuando me vencía el sueño.
Nunca acudí a ningún homenaje, nunca más volví a pisar una estación.
Nunca necesité que llegase cada año el 11M y se inundasen los periódicos y las televisiones de recordatorios.
Nunca te has ido de mí, y por eso, nunca has muerto del todo.

11 de marzo de 2004

Me duelen las palmas de las manos de tanto apretar los colgantes, y la tripa de los nervios.
Parezco el niño de 12 años de hace 12 años, qué curioso, cuánto 12 marcando nuestras vidas.
Dentro de 12 años, seguiremos juntos y queriéndonos 12 veces más, ahora que voy a regalarle mi corazón.
SMS de Raquel, «te odio, mira que no venir a buscarme como siempre, castigado sin beso», qué tonta, qué ganas de que llegue, no la voy a responder, que rabie un poquito más.
«HOSTIA!, y ese ruido?, y ese humo?, pero qué, pero qué, HOSTIA!, otra vez, qué ha pasado??, y el cercanías de Raquel?, y Raquel???, RAQUEL!, RAQUEL!!, JODER, RAQUEL!!!!!!!!!»

«Han detonado la risa a un estudiante,
nunca más sabrá lo que es acariciar,
el silencio está gritando en todas partes que le han hecho a la gente,
zona cero en mi ciudad
Marwan

11 de marzo de 2016

Cuánto corrí buscándote, mientras te llamaba mil y una veces al móvil, que sonaba y sonaba sin ninguna respuesta al otro lado. Y de pronto una voz desconocida, diciéndome no sé el qué, y yo loco y cegado entre el infierno en que se había convertido la explanada, sorteando pedazos de cuerpos mutilados y trozos de hierros y personas que lloraban y hombres y mujeres y niños gritando auxilio, y ambulancias y bomberos y angustia y miedo y desesperación.
Y no entendía nada.
Y quería despertar de la pesadilla y que todo fuese un mal sueño y que sonase el despertador de hace un par de horas otra vez.
Y al fin te encontré, y aún respirabas, aunque ellos decían que no, que te habías ido, que me apartase de ti, pero no les creí, era imposible, no podía ser, me mentían.
Y me abracé a ti, «mi corazón es tuyo, traigo la llave, mi corazón es tuyo, traigo la llave…», te susurré como una letanía, no sé cuánto tiempo, solo recuerdo que cuando lograron separarnos, tú sonreías desde algún lugar lejano.

11 de marzo de 2004

«Ssssshhhhhh, Diego, no llores, Diego, tranquilo, no me duele, ya no me duele, te lo prometo, ojalá pudieses oírme Diego, te quiero, te quiero tanto, no sufras Diego, estaré bien, ahora tengo que irme, pero voy a estar bien, y tú, serás un gran hombre, y yo siempre estaré cerca cuidando de ti, acompañándote en cada canción, Diego no llores, escúchame Diego, por favor, quiero que seas feliz, Diego, tengo que irme ya, adiós»

«Y ya estamos llegando
mi vida ha cambiado,
un día especial este 11 de marzo, me tomas la mano,
llegamos a un túnel que apaga la luz.»
La oreja de Van Gogh

11 de marzo de 2016

Tengo algo que contarte, algo importante, aunque estoy seguro que ya lo sabes.
He sido padre, sí, y es preciosa.
La niña ha nacido hoy, 12 años después, tú y yo y el 12, y la madre está de acuerdo.
Se llamará Raquel.

«Con su hoguera de nieve, su verbena y su duelo,
su 18 de julio, su 14 de abril,
a mitad de camino entre el infierno y el cielo,
yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid.»
Joaquín Sabina

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