¿Vas a pasar? – @alasenvuelo

Yamile Vaena @alasenvuelo, krakens y sirenas, Perspectivas

Se quedó mirando el umbral de la puerta, como si sus ojos pudieran capturar cada detalle de manera fotográfica, pero para hacerlo requirieran de tiempo y esfuerzo. Su cara era hermosa, más con ese contraste de las sombras del farol de la calle y la noche. Su juventud apenas lo dejaba. Algunas canas, unas curiosas y alegres arrugas imperceptibles en los ojos, demostrando que al sumar de sus días había vivido más alegrías que tragedias. Sus ojos, expresivos, alegres y juguetones, con una chispa especial y misteriosa acosando desde ellos. Aquellos eran unos ojos que tenían curiosidad, hambre, eran agradables, pero  preguntaban más de lo que revelaban. El hombre vestía informal. Traía una especie de botas de explorador de la naturaleza, unos viejos jeans, una chamarra de cuero marrón. Podía pasar por la versión moderna de la definición del “chavo ruco”.-

—¿Vas a pasar? —preguntó la mujer. Lo había conocido en ese bar de mala muerte adonde había ido a olvidar sus penas. No era algo que solía hacer cotidianamente, pero esa semana había sido terrible —de las malas— había peleado con el imbécil de su jefe por querer pasarse de listo, y ahora había perdido su empleo. Le habían contado que su ex ya se paseaba orgulloso por las calles con esa joven chica por la que terminó su matrimonio. No tenía dinero, ni empleo, ni pareja. Había ganado algunos kilos, debía pagar la renta pronto y había descubierto una arruga más en su rostro antes seguramente hermoso. Aquel día quería beber y olvidar su nombre, que su juventud había dado paso a los arrepentimientos, que había llegado a cierta edad sin nada: se había negado a tener hijos por poner primero su profesión, y ahora lo había perdido todo. No tenía niños, ni esposo, ni carrera, ni trabajo, ni dinero, su belleza se degradaba con los años y a ese paso, pronto no tendría ni un techo sobre su cabeza. En ese estado mental llegó al bar y pidió un tequila doble. En ese estado mental miró al hermoso caballero brillar en una esquina oscura del lugar. Y todo fue consecuencia de esa mirada. Ella necesitaba compañía que la hiciera sentir atractiva y él… él la necesitaba a ella para seguir vivo.

—Tendrías que invitarme. —Dijo sonriendo.

Ella suspiró. ¿Dónde había estado ese caballero toda su vida? Quizás era el tequila hablando en sus venas, o su cerebro nublado por un escandaloso optimismo, pero este feliz encuentro se sentía como lo que necesitaba para darle la vuelta a su racha de mala suerte. Puso sus brazos en su cuello y se colgó a él como un cencerro. Él entonces pareció enorme y poderoso y la levantó con una facilidad completamente arrebatadora. Ella era una varita de nardo en la fortaleza de este nuevo caballero, era hermosa, joven, exitosa, atractiva, y él la miraba como si toda su vida dependiera de su sonrisa. —¡Bienvenido a mi casa! ¡Bienvenido a mi vida! —le dijo besándolo, mientras él la cargaba a través del portal.

Fue una noche especial, que sí, la cambió para siempre.

Debes pensarla dos veces antes de invitar a un vampiro a entrar a tu casa.

 

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