Vaqueros raídos – @Darkvelvet1

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Iba poco a clase. Llegaba a las escaleras del instituto, encendía un cigarro y esperaba. Siempre había alguien con quien compartir café y pellas.
Nunca fui capaz de estar mucho rato encerrada en ningún sitio. El instituto era mejor que el colegio de monjas, pero la desmotivación en cuanto a las clases era la misma.

Me aburría. Horas de lectura de apuntes, deberes y una absoluta falta de interés por parte del profesorado por hacernos curiosos.
Salvo el profesor de historia. Cesar era muy rojo, valiente, estricto… pero para mi constituía un ejemplo. Puedo decir que es al único al que guardo algo de aprecio.

A mi se me pasaba la vida leyendo o muriendo de amor entre mi música. La poesía me vibró dentro desde muy pequeña. No negaré que fomentaba a posta ese aire de chica triste, esa mirada perdida, los bordes mojados de mis vaqueros raídos.

La vida volaba en “Lithium”, los besos sabían a “Sweet child of mine” y las mañanas eran siempre “Black hole sun”. Y por las noches un poco de “Clawfinger” o chispazos melancólicos de “Creep”.

Sí, esto es todo puta melancolía y también hastío y mucha pena.
Nunca debería haber creído, pero lo hice y duele.

Hoy me he levantado con el cuerpo lleno de rotos y he vuelto a ponerme esos vaqueros. Es una estupidez, pero con ellos me siento canción otra vez.
Me he dado cuenta que estoy cansada.
Cansada de mi, del borrón patético que soy.

Porque esto de sentirse lluvia un buen día de verano, envenena el mar, hace del agua algas pútridas mordiendo tanta arena como escupiendo poco aire.
Estoy cansada de los que me usan, de los que me ignoran, de los que creen saberlo todo de mi y jamás me han escuchado.

Hasta el coño de no valorarme, de la mierda que me hago pagar.

Así que vuelvo al tequila, a las esquinas de esos sueños que dejé por putas y que hoy añoro como si fuesen reinas.
Siempre seré el habitante de una botella, el grito y la revolución.

Puede que los recuerdos duelan, que la vida me haya arrasado casi del todo, pero tener esos recuerdos, es como volver a la brecha, a los amores de fuego y coches cama.

Vaqueros raídos
párpados negros…

La negra fe en la suerte
y la ilusión de una mirada que pedía a golpe de la morfina del deseo.

Me estoy haciendo vieja y no quiero. Todo empieza a ser lejano, mucha gente deja de ser imprescindible, algunos se perdieron en la fauces de la madurez y yo me siento sola.
Ni siquiera especial, que personas como yo sobran.

Estoy triste, perdida…
Y me quedo colgada en los rotos de un pantalón legendario, en la época raída de la que sigo enamorada.
No me queda amor propio, lo gasté demasiado pronto y quizás sólo sigo viva en las fotos mal hechas de una generación.

Me puede esta nostalgia por las cosas a las que no puedo regresar. Esta frialdad come mucho y a mi se me está quitando el hambre.
Puede que atesore la pasión que me queda, como la Kriptonita contra el miedo y la apatía.

Voy a seguir con los cascos puestos, con las canciones que marcaron mi vida y jugando al ratón y al gato con estos viejos y raídos vaqueros.

Borrando la solidez con retales de lo que ya está muerto.

 

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