Uno rápido – @soy_tumusa

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¿Uno rápido?. – Me sorprendí susurrando al oído de aquél desconocido, mientras apuraba la última calada de su cigarrillo sentado en el banco de aquel deshabitado parque. El extraño ladeo la cabeza por encima de su hombro y exhalando el humo sobre mi boca murmuró “Estoy sin blanca, muñeca”.

Follo por placer, querido. – Le volví a susurrar nuevamente acompañando mi voz con mi lengua que recorrió la oreja hasta su lánguido cuello. Mis manos apretaban fuerte las solapas de mi chaquetón de piel, desesperadas y a la vez extasiadas por dar caza a mi presa. Me paseé por delante de él, como exhibiendo la mercancía a probar y caminé despacio, insinuándome a cada pisada de tacón, esperando embaucarle con cada golpe de cadera. No llevaba ni dos metros, pero su mano sobre mi espalda y su aliento cerca de mi cuello me indicaban el camino a seguir.

La noche estaba cerrada, deberían ser las cuatro de la mañana, no pasaba ni un alma por aquellos parajes y yo valiente, me atrevía a buscar mi droga. Detrás de la verja, junto al muro de piedra de la entrada y ocultos bajo los matorrales mi cuerpo ya no podía aguantar más, y le empujé contra la pared, mi manó no tardó ni dos segundos en deslizar su cremallera y sacar su verga, ese hombre estaba casi atónito de ver lo bien que dominaba este tipo de juego. Tenía prisa, así que me arrodillé y comencé la felación, estaba a punto de explotar, notaba las venas al pasar mi lengua, sus gotas caían sobre mis labios y sus gemidos mojaban mi sexo que acariciaba con mi otra mano excitada por el morbo y las ganas. Cuando vi que ya no podía más me destapé el abrigo, no llevaba nada puesto, dejándole que lamiera mis pezones y los mordiera haciendo desbordar mis fluidos por dentro; mientras él se deleitaba en ello, intentaba subir mi pierna y apoyarla contra la pared, amarrando bien a mi presa y dejando abierto el camino para facilitarle la penetración. Empujé con todas mis fuerzas hasta que la introdujo y un gemido seco cortó la noche, su prensión en mi coño me hacía subir al cielo y descender al infierno, me meneaba sinuosamente mientras agarraba fuerte mi trasero apretándolo con todas sus fuerzas y yo le tapaba la boca para que no mediara palabra. Me folló hasta la saciedad, clavando cada vez más fuerte en mí su miembro, mientras yo hacía fuerza contra la pared, me azotaba en cada embestida y yo le tiraba del pelo mordiendo y arañando su piel.

“Vamos córrete cabrón” le gritaba extasiada, y cuando estaba a punto, me separé de él, corriendo me volví a arrodillar, abrí la boca hasta que toda esa leche caliente cayó sobre mi lengua y brotaba por mi boca hasta mis pechos. Relamiendo sin dejar ni gota, satisfecha y sudorosa, me coloqué el abrigo de piel y salí caminando temblorosa de entre los arbustos, sin mediar palabra; ya estaba tan acostumbrada a ello que no merecía la pena ni un adiós ni un mísero gracias.

El camino de vuelta a casa siempre lo hacía llorando, así que esa noche recorrí los 3 kilómetros hasta mi casa, con el rimmel corrido, oliendo a sexo de un extraño y sucia, por dentro y por fuera.

Me sentía dolida y enfadada conmigo misma, sin saber perdonar el no poder controlar estas putas ganas. Me sentía culpable cada vez que salía en busca de sexo; últimamente había caído tan bajo que me valía cualquiera, el primer extraño que se cruzase en mi camino al caer la noche, sin preguntar, sin mediar palabra me lo follaba sin más, para poder saciar mi sed.

Me río cuando hablan de las drogas y su adicción, sin pararse a  pensar que el sexo condena a las personas como yo, adictas y yonquis de los orgasmos, del semen y de las corridas; insaciables, depredadoras en busca de su “dosis” de lefa.

Mientras el agua caía sobre mi piel, tenía la sensación de que el jabón no quitaría la suciedad de mi cuerpo ni de mi alma, acurrucada sobre mis rodillas dentro de la bañera taciturna y abatida, dejando caer el calor del agua, me arrepentía de cada minuto de aquella noche intentando borrar de mi mente lo sucedido y rezaba para que el próximo día tardara en llegar; rezo para que mi piel no pida guerra ni mi coño tenga tanta sed.

 

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