Unidos en santo manicomio (I) – @JokersMayCry

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Llueve, hiere la diabólica risa de Dios la noche mientras su tronido se extiende a lo largo del oscuro cielo hasta que, de pronto, todo se calma. La luna asoma desnuda entre las nubes que se separan tímidamente y su luz cae por la claraboya para resbalar sobre el suelo del Pabellón C de Arkham. Las gotas se oyen estallar tras los cristales. Se puede ver bailar una miríada de polvorientas hadas diminutas a través de la pálida luz de luna, enfermiza, calmada, taciturna. Una alfombra granate, sucia y arrugada como el tiempo se extiende por el ala central, las cenizas se levantan desde ella, con pesadez, como blancos copos de nieve mientras en las alas este y oeste se concentra la marabunta de enfermos mentales vestidos con sus más elegantes trajes, en silencio, algunos con lágrimas, con la mirada puesta en un improvisado altar hecho de huesos y calaveras, algunas aún tienen sangre en las cuencas vacías.

Tres figuras: una más al fondo y en el centro, con pelo verde, traje extravagante teñido del color del dolor y una desequilibrada curva poco matemática en el rostro, una bonita sonrisa roja… Joker, el puto Joker oficiando la ceremonia de las otras dos figuras que se miran ahora de frente a diestra y siniestra del payaso (del payaso antes referido, no del payaso que se va a referir seguidamente): Moab y Whitejoker.

—Siempre lloro en las bodas… No puedo evitar emocionarme al ver cómo dos personas que se quieren deciden arruinarse la vida la una a la otra casándose. Es tan bonito… Joder… —dice Harley Quinn emocionada mientras se seca las lágrimas de los ojos.

Hasta ahora la boda ha sido espectacular, insuperable el depravado sermón de Joker sobre las viudas negras que se crean tras tres años de monótono matrimonio y las buenísimas ideas para heredar tras el asesinato. Quizá el momento más brillante es en el que Joker preguntó si alguien estaba en contra de esta boda y apuñalaron al chivato antes de que hablara. Pero llega otro momento importante del epitalamio en el que Joker se dirige a los contrayentes:

—Whitejoker Manson y Moab, podéis eructar vuestros votos.

—Sé que serán buenos, escriben en Krakens y Sirenas… —Dice Harley—. Malditos… —Susurra llena de envidia.

Whitejoker Manson se baja la bragueta y saca un papel arrugado. Su pantalón no tiene bolsillos y alguna de las asistentes parece decepcionada al ver que ya no le abulta tanto la pernera del pantalón.

—Moab, hija de la gran perra, no sé con qué me has drogado para acabar aquí, ante esta burlesca copia barata de mí, pero sea como sea, me gusta hacer locuras. La primera vez que te vi fue la primera vez de todo, mi primer segundo de vida tras haberme muerto seiscientas sesenta y seis veces por minuto y haber deseado morir el doble. Ahora quiero vivir por ti, contigo, en ese fino y delicado hilo que separa la razón del delirio, columpiándome en tu mirada asesina de demonios mientras tus caricias tejen nuevas sonrisas en mis labios blasfemos que te susurran “te quieros” entre palabrotas tras cada efímero orgasmo en esta vida llena de continuo y punzante dolor. Pero contigo el dolor desaparece, es un barco fantasma hundiéndose entre los tentáculos de un kraken en una noche en la que la pesada niebla copula en un mar en calma, sin torbellinos ni olas, sólo se hunde en silencio amordazado por los callados tentáculos. Yo tampoco quiero que nada te duela. Tus heridas serán las mías, tus demonios serán los míos, tus infiernos me quemarán, tus lágrimas bajarán por mis mejillas del mismo modo que tus sonrisas amanecerán en mis labios, tus orgasmos serán mi placer, tus sueños serán mis ilusiones… Porque te quiero, porque tu vida es la mía, nuestra vida contenida en la alianza de tu mano y la mía cogiéndose decididamente para atravesar campo a través y crear nuestro propio camino. Sé que no quiero llegar a ningún lado, que siempre querré seguir caminando junto a ti aunque sea por la cuneta o por las nubes. Y hoy, amor, en este manicomio donde uno puede ser uno mismo, empieza nuestro viaje. Me da igual hasta dónde lleguemos, yo sólo quería llegar hasta ti y traerte hasta este altar.

 

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