Unidos en santo manicomio (II) – @Moab__

Moab @Moab__, krakens y sirenas, Perspectivas

El silencio adquiere  vida propia tras los votos pronunciados por Whitejoker. Sólo se escucha el gotear de alguna vela y el apagado sollozo desequilibrado de Harley Quinn. Hasta las calaveras del personal médico de Arkham parecen arrobadas y expectantes. Tras unos instantes que parecen siglos, alguien se suena los mocos  (probablemente la misma Harley) y, roto el encanto Joker, parpadea.

—¡Maravilloso! ¡Encantador! Chico, haces que me llore profusamente el pene —ahora se dirige a Moab—. Te toca. Venga, canta, que no tenemos toda la noche.

Ésta, después de dedicarle una mirada al Joker, que es como mínimo promesa de mutilación temprana, se prende de los ojos de su amado y recita las palabras.

—Yo, Moab, me encuentro aquí, Whitejoker Manson, porque no sé cómo coño has conseguido que supere mi coulrofobia, maldito payaso hijo de puta, pero lo has hecho y me entrego a ti de forma totalmente voluntaria, maníaca e inconsciente. Estoy aquí, porque no supe salir nunca de esa primera noche, atrapada entre tus manos y tu mirada de musgo y enredadera. Hiciste que esta sirena, sepultada en las redes de una vida que la asfixió hasta la muerte, renaciera cual Ave Fénix prendida en llamas al respirar el aliento de tu boca. Y por eso estoy aquí, jodido cabrón, porque ya no concibo una vida lejos del calor de tus manos, porque no sabría, ni podría ni querría volver a salir ahí fuera si no es agarrada a tu cintura. Eres sueños hechos realidad y promesas ya cumplidas. Eres el principio y el fin de todo mi mundo, de un mundo que has tejido a base de dulzura, paciencia y caricias con la misma delicadeza con la que me desenredas el pelo al salir de la ducha. Un mundo que empieza y acaba en los confines de la burbuja embriagadora en la que me sumerge tu mirada. Si tienes frío, mis brazos te envolverán con una cálida toalla y, si tienes calor, encadenaré a Eolos a la pata de nuestro tálamo. Prometo ser tu refugio, tu castillo, tu fuerte, tu lugar seguro donde puedas ser tú mismo, donde podamos ser juntos. No te recogeré cuando caigas porque te prometo que no consentiré jamás que lo hagas a menos que yo esté encima y sea sobre el colchón de nuestra cama desordenada. Tu sonrisa es la razón de mi existencia y prometo cuidarla como jamás he sabido cuidar de mí misma y evaporar las lágrimas que puedas derramar con el calor de mi corazón, que te pertenece, y el fuego de nuestro hogar. No soy ni tengo mucho, amor mío, pero es todo tuyo. Tampoco sé qué nos depara la vida, qué demonios, monstruos, endriagos y vampiros se atreverán a cruzarse en nuestro camino, sólo sé que quiero recorrerlo aferrada de tu mano, sin guía, miedo, duda, ni destino.

El eco de las últimas palabras de Moab resuena en el pabellón atestado.  Se quedan flotando unos instantes como pompas de jabón viajando etéreas entre distintos grados de locura. Unos segundos después las burbujas al fin estallan y Joker abre la boca para hablar, pero Moab le interrumpe. Aún falta algo.

—Y si lo que nos espera es una celda, espero que esté completamente acolchada porque juro que voy a hacerte el amor hasta en el techo. Si el desequilibrio tuviera un himno, se parecería a aquella euforia de huesos semicubiertos por jirones de carne putrefacta entrechocando al ritmo del delirio.

Desde el altar suena un aplauso deliberadamente lento y desapasionado.

—¡Precioso!—Dice Joker consiguiendo que la palabra suene como una obscenidad—. Te columpias con facilidad entre la euforia y la ñoñez. Claro síntoma de una mente demente. Vais a hacer que vomite arcoiris. Aunque admito que lo de la celda acolchada ha tenido su punto. ¡Los anillos!—exclama chasqueando los dedos.

Una Harley visiblemente emocionada y vestida de colegiala se acerca al altar haciendo piruetas. Se coloca junto a los contrayentes y, con una florida reverencia, les entrega a cada uno una alianza con calaveras grabadas.

A una señal de Joker, se ponen los anillos el uno al otro y se cogen de las manos.

—Repetid conmigo: “Prometo amarte y odiarte, en el electroshock y en la camisa de fuerza; en el delirio y la esquizofrenia; en la psicopatía y la paranoia; en la terapia y el trastorno bipolar. Todos los días de nuestro encierro.

Que lo que ha unido la locura, no lo separen Risperidona y Lorazepam.”

Por el poder que me otorga el manicomio de Arkham, yo os declaro marido y mujer.

Puedes besar a la novia. O si no sabes cómo se hace, ya la beso yo.

 

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