Una y nos vamos – @Contradiction_

Contradiction @Contradiction_, krakens y sirenas, Perspectivas

Una y nos vamos.

Te lo juro, regálame una sonrisa más y te dejo ir.

¿Te acuerdas de todas las veces que nos hemos defendido? Casi tantas como hemos colisionado.

Siempre nos hemos comportado así la una con la otra. Realmente nunca hubo esas charlas profundas entre nosotras, a veces ni sabíamos con certeza que pasaba o dejaba de pasar, pero siempre atacábamos y odiábamos a quien hiciera daño a la otra.

Sé que en el fondo estás realmente orgullosa de que, hasta en estos momentos, saliera a defenderte.

Recuerdo tus sonrisas y tú orgullo cada vez que te defendía. Recuerdo como le decías que siguiera jodiendo que no le ibas a contestar tú sino yo.

Sé que me tiene miedo, debe saber que nunca le perdonaré esa llamada.

Realmente no le culpo, hiciste todo a tu manera, incluso esto. Elegiste un mal día, un mal año y una mala década.

¿Qué haré cuando mis hijos no sepan lo mucho que les querías sin siquiera conocerles? ¿Que coño voy a hacer cuando no estés para llamarme borde? ¿A quién voy a estar días y días buscando un regalo porque ya no sé qué cachivache no tienes o qué color te gusta ahora?

¿Qué coño voy a hacer sin ti? ¿A quién voy a pedir que deje de gritar? Siempre estabas gritando, me volvía loca. Siempre  me dejabas loca con tus verdades salidas de la nada y a cuento de nada, pero me divertía, te quería como se quiere a la gente que es tuya, que te pertenece. Nos pertenecíamos, con nuestras virtudes y defectos. Con nuestro no saber comunicarnos pero estar dispuestas a hacerlo.

En estos días he descubierto mucho sobre mí misma. Cosas que quizá intuía pero no sabía. Resulta que no soy buena expresando sentimientos en público, rechazo los dramas excesivos y no me gusta nada que me abracen personas a las que no tengo aprecio. También he descubierto que soy totalmente visceral, que no soporto la hipocresía y que aún mataría por ti.

He descubierto que mi cerebro decide actuar. Ya habrá tiempo para llorar.  Que primero se hunde el barco y después yo suelto el timón. Me han dicho que son cojones, te hubiera encantado que me lo dijeran delante de ti.

A veces me siento culpable por no haber hecho alarde de mi dolor, creo que era lo que la gente esperaba. Aunque he descubierto que era realmente verdad que me importa realmente poco lo que piense la gente.

He aprendido que la vida sigue, que puedo seguir, que no me detengo ni tengo manera posible de decirle a mi cerebro que se rinda. No se rinde.

Supongo que el tuyo tampoco, por eso luchaste en silencio. En eso nos parecemos demasiado. Nos comemos toda la mierda y sí, en algún momento implosiona, ya veremos cómo lo solucionamos.

Se te fue de las manos la implosión, dejaste que fuera demasiado lejos, no pediste ayuda. No te despediste.

¿Por qué no llamaste? ¿A caso pensabas que no saldría a cualquier hora de la noche por ti? ¿A caso no sabías que no tenías que ganarte ningún lugar? Era tuyo, siempre lo fue. Eras la única y sabes bien lo que significa.

¿Te acuerdas cuando recitábamos los anuncios de la teletienda porque teníamos insomnio? ¿Cuando me llamabas para preguntarme si había visto el último capítulo de la serie que seguramente solo me gustaba a mi, pero te encantaba compartir conmigo? ¿Te acuerdas de todos los planes que me prometiste y no has cumplido?

Cabrona. Me has dejado. ¿Quién cojones te dijo que podías hacer eso?

Todos los días repito la misma frase, quizá en algún momento me de cuenta de que es verdad. De que no estás. Por ahora no funciona, por mucho que lo repita, todos los días, en un momento dado, me asalta por sorpresa la misma opresión en el pecho, la misma pena, el mismo dolor. Ojalá se tratase de una broma de mal gusto.

Ojalá un abrazo más, una sonrisa más, una de nuestras charlas sin sentido más…

La situación no pudo ser más complicada. Sé que me perseguirá por mucho tiempo esa hora de la que no recuerdo nada, todas las decisiones que tuve que tomar sin poder llorarte, los miedos que tuve que afrontar y los nuevos que se han creado. Puede que algún día deje de sentir pánico cada vez que suene el teléfono a deshora. Quizá oír su voz deje de causarme repulsión.

Incluso puede que algún día deje de angustiarme la imposibilidad de poder proteger a todos. Sé que si algo les pasara, a los que aún me quedan, entonces sí que no podría seguir viviendo.

Supongo que en algún momento me perdonaré haber tenido los cojones que tuve. Puede que seguir viviendo sea algo más que pura supervivencia, pero ahora, solo es un peso, un tremendo y cobarde intento de sobrevivir. Si me detuviese no creo que pudiera soportar lo que ha pasado. Sigo, por pura inercia. Controlo mis sentimientos y analizo todo a mi alrededor.

Me cargo con el peso del dolor ajeno porque así no me tengo que detener en mi. El dolor es mío. No le pertenece a nadie a más.

No me gusta este final, pero tampoco me gusta lo que ha pasado

Voy a poner tu canción. Porque yo sí sé lo que significaba para ti. Yo sí sé que fuiste ‘una mujer en el mundo que hizo todo lo que pudo’. Gracias. Gracias por todo.

Te quiero…

Siempre.

 

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