Una mala película – @BlasRGEscritor

BlasRGEscritor @BlasRuizGrau, krakens y sirenas, Perspectivas

Abro los ojos. No por ello quiere decir que esté durmiendo.

No puedo, sencillamente, no puedo.

Una nueva noche, una más, ¿cuántas van ya? He perdido la cuenta. Intento no pensar en ello, Mónica me ha estado dando unos consejos para tratar de dejar la mente en blanco. No funcionan. No puedo.

Me incorporo y quedo sentada en la cama, con la sábana tapándome hasta casi el cuello. Hace calor, no me importa.

Esta noche está tardando más que de costumbre, aun así, sé que vendrá, siempre viene. A pesar de que debería estar acostumbrada, la piel se me vuelve a erizar al experimentar el horror que tan solo pensarlo me provoca. Es superior a mí, no estoy hecha para esto.

Oigo un golpe seco, eso me pone en alerta, parece que ya ha llegado la hora. Trago saliva, no importa que la ventana esté cerrada a cal y canto, sé que podrá acceder, siempre lo hace. No importa que tenga rejas, él sabe cómo traspasarlas. No me preguntéis cómo. Sé que parece una mala película de esas que tan acostumbrados estamos a ver. Pero no lo es. Ya quisiera yo que lo fuese.

Respiro entrecortado, noto mi corazón palpitar a toda velocidad, no puedo soportar más esta pesada cruz, no tengo fuerzas para seguir aguantando.

Miro la ventana, sigue cerrada, he instalado un pestillo, pero sé que no servirá de nada.

Un fuerte ruido me hace girarme de manera brusca, no respiro, seguramente esté blanca de la impresión de encontrarme de nuevo cara a cara con él.

Pero no hay nada.

Sólo la pared.

Me giro despacio, noto una ligera brisa, no puede ser.

Ahí está.

Donde cada noche, amarrado a la reja de mi ventana. Intento gritar, pero quizá mi garganta sepa que no servirá de nada, la voz no me sale.

Cierro los ojos con fuerza, aprieto los párpados tan fuerte que parece hasta me duele. Necesito que se vaya, necesito que se vaya.

Los abro de nuevo, despacio.

Su fétido aliento golpea mi rostro, está apenas a unos centímetros de mí, ha entrado, una vez más no lo he podido evitar.

Me tiemblan las manos, intento moverlas pero no reaccionan, mis ojos están clavados en su rostro. Tiene una nariz horripilante, unos ojos inyectados en sangre que emanan terror en cantidades ingentes y que puede que sea lo que me provocan la parálisis de siempre. Sus dientes, largos y afilados rechinan y consiguen que se me ponga la piel de gallina, no sé si por el miedo, no sé si por asco.

Mi mirada se posa en sus manos, delgadas, enjutas y con unos dedos que acaban en forma de cuchillos afilados. Al menos a mí me lo parece. No podría definirlos de otra manera.

Se acerca lentamente, noto que mi corazón emite un pálpito tan rápido, que parece continuo, estoy al borde del ataque.

De pronto recuerdo las palabras de Mónica.

Tienes que enfrentarte a él. No puedes seguir huyendo. Se acabó

—Se acabó… —repito en voz baja.

Me mira divertido, sabe que no se ha acabado, siempre se sale con la suya.

—Se acabó… —vuelvo a decir, algo más fuerte.

Noto que su rostro se comienza a tensar. Abre la boca, su aliento me provoca nauseas. Levanta las garras y las dirige hacia mí.

—¡Se acabó! —Grito.

Me levanto, empujo a la bestia, cae al suelo. No permitiré que ocurra una vez más, ya estoy harta, esto ha llegado demasiado lejos. En realidad, desde el primer día ya llegó demasiado lejos.

—¡Se acabó! —Repito de nuevo.

La cara del monstruo se ha amansado considerablemente, ahora el que parece tener miedo es él.

—¡Se acabó! —Digo con los ojos cerrados y llorando a mares, no volverá a pasar, nunca más.

Abro los ojos de golpe. El monstruo no está, se ha ido.

Miro hacia la ventana, está cerrada, el pestillo no está puesto, pero sé que no me volverá a hacer falta. Me seco las lágrimas, me dirijo hacia la cama. Me acuesto, no me tapo, hace calor.

Cierro los ojos.

Por primera vez en mucho tiempo duermo plácidamente.

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