Una mala inversión – @martasebastian

Marta Sebastián @martasebastian, krakens y sirenas, Perspectivas

Suspiró. Siempre tarde. No sabía que iba a hacer con su amiga. Siempre tarde. Desde que eran pequeñas. La puntualidad nunca había ido con Ana. Y mira que habían pasado años, pero no se acostumbraba.

Miró el reloj. Con la cantidad de cosas que aún tenía que hacer y ahí estaba ella, en la puerta del bar de siempre, apurando un cigarrillo, esperando a que su amiga le concediera el honor de su presencia. La vio aparecer al final de la calle. Calmada. A paso tranquilo. Incluso sus nervios lo denominarían lento. El día menos pensado la mataría. Estaba convencida. Se preguntaba por qué no lo había hecho aún.

─ Hola niña, ¿Qué tal?

─ Aquí viendo si me convierto en estatua de sal esperándote.

─ Porque quieres, podías haber entrado.

─ Paso, ya sabes que no me gusta esperar sola en un bar.

Apagó el cigarrillo mientras hablaban y se metieron en el bar. Rita, la camarera les hizo un leve gesto con la cabeza y ellas se dirigieron a su rincón de siempre. Al fondo de la barra donde les aguardaban sus banquetas, como si supieran que esa zona era de ellas. La magia de algunos locales.

─ Bueno, ¿Y se puede saber por qué esa necesidad de quedar justo hoy?

Mientras hablaba Rita les puso un par de cervezas bien frías. Como le gustaban esos sitios donde no hacía falta decirle al camarero qué querías. Y encima te ponían un buen aperitivo. Aunque Luis solía meterse con Rita para conseguir que les pusieran algo más, como si realmente necesitaran protestar para que les tratara de manera excelente.

─ Estás de una gruñona que no hay quién te soporte.

Sabía que Ana tenía razón. Ella, que siempre había sido una chica alegre y despreocupada, vivía ahora pendiente de la agenda y de un horario demasiado estricto. Pero no le iba a dar el gusto de darle la razón. No.

─ No estoy gruñona. Tengo mil cosas que hacer y, para variar, llegas tarde a una cita que tú propusiste.

─ Por esto mismo…

─ ¿A qué te refieres?

Le dio un largo trago a la cerveza. De fondo sonaba una vieja canción de los 80 que si se descuidaba estaría revoloteando por su cabeza toda la tarde.

─ Necesitas relajarte, olvidarte de todo… Lo que vaya a salir mal, saldrá mal. Y no hay vuelta de hoja.

─ Claro. Es fácil para ti decirlo. Tú no te enfrentas a 200 invitados ni a una suegra quejica.

─ Nunca entenderé por qué tanta gente.

─ Ni yo. Cuando empezamos a hablar de la boda queríamos algo íntimo. Pero… Como Luis es incapaz de decirle que no a su madre… Empezaron a aparecer invitados que ni siquiera he visto una sola vez en la vida. Y que tendré que aguantar en mi boda.

─ A ellos y a tu suegra.

─ Tú dame ánimos, ¿Eh?

Ana soltó una carcajada que hizo que varias personas se giraran. Siempre tan escandalosa. Pero era parte de su encanto.

─ Piensa que al menos también estarán todos los que vosotros queréis que estén.

Suspiró. Si al menos eso fuera verdad. Se entristeció durante unos instantes. Su futura suegra quería controlarlo todo y no paraba de hacerle chantaje emocional a Luis para conseguir que Luna no fuera a la boda.

─ No todos, dudo que Luna venga.

─ Luna es la mulata aquella con la que apareció un día su abuelo, ¿No?

Sonrió. Comprendía que para el resto del mundo Luna era “la mulata aquella” pero para Luis era la persona que le devolvió la alegría a su abuelo, que compartió sus últimos años de vida… Y ahora que su abuelo les había dejado el año anterior… Su ausencia se hacía aún más presente.

─ A veces me dan ganas de hacer como el abuelo y… Largarnos. Pasar de todo lo que digan los demás y ya está.

─ Yo es que no sé por qué os casáis. Con lo bien que estabais viviendo juntos.

Otro trago de cerveza. Suspiró. En esos momentos ella misma se hacía esa pregunta. Hacía unos meses estaba tan segura, tan convencida de que era una buena idea y en esos momentos tenía el móvil lleno de mensajes de una mujer que no quería dejar de ser la primera en la vida de su hijo. ¿Por qué no era capaz de entender que ella no quería sustituirle, que eran dos lugares diferentes en su vida? Pero lo que más le preocupaba era la actitud de Luis, incapaz en estos meses de decirle que no a su madre.

Suspiró. No quería pensar en eso. No en esos momentos. ¿Y cuándo si no? Esa maldita vocecita que revoloteaba por su cabeza haciéndole dar mil vueltas a las cosas. Pues cuando no estuviese tan agobiada y cansada. Cuando pudiera ver las cosas con claridad, con objetividad.

─ Es bonito hacer una fiesta con toda la gente que te quiere. Aunque sean demasiados.- bromeó y, con esa broma, consiguió relajarse un poco.

─ Bueno, y a la hora de tener hijos, todo es más fácil, ¿No?

Casi se atragantó. Pero, ¿Y esa afirmación? ¿Qué hacía su mejor amiga hablándole de hijos en ese momento?

─ ¿Hijos? ¿Quién ha hablado de tener hijos? No me lo planteo en estos momentos. No. Ni de coña.

Sabía que hablaba a trompicones, que su voz estaba cargada de nerviosismo. Y esa ridículo porque había asumido que esa pregunta se repetiría mucho a las próximas meses…

─ A ver, que lo entienda yo. No querías una fiesta tan grande, tu suegra es insoportable, no te planteas tener hijos, estás súper agobiada y eso sin contar la pasta que os estáis gastando. Pues no le veo yo la inversión.

Se rió. Ana a veces podía ser demoledoramente sincera. A veces demasiado. Se rió por no estamparle la cerveza en la cabeza. Hizo un gesto a Rita para pedirle otras dos y luego volvió a mirar a su amiga.

─ Si lo pones así es una mala inversión, la peor que podría hacer…

─ Y eso por no decir que tu vida social va a cambiar…

─ ¿Mi vida social?

─ Claro, adiós fiestas locas con tus amigas solteras, sólo querrás quedar con parejas y hacer cenas sotisficadas.

─ Mira que eres tonta…

Intercambió una sonrisa con Rita que les dejaba las cervezas encima de la barra. Bien helada. Directamente de la botella. Un largo trago. ¿Era realmente una mala inversión esa maldita boda que le está llevando por la senda de la amargura? Una mala inversión…

─ Tienes razón… Esta boda es una mala inversión… Gastamos un dinero que nos ha costado mucho ahorrar, vienen invitados que ni me apetece que están sólo por capricho de mi suegra, una mujer con lo que voy a tener más de una encontronazo porque es incapaz de dejar de controlarlo todo… Y lo peor es que no sé si Luis va a reaccionar y dejar de decirle a todo que sí con tal de no discutir. Es una mala inversión porque a partir de ahora todo el mundo va a estar cronometrando cuánto tardo en anunciar el embarazo. Y yo, que no sé si quiero tener hijos, voy a tener que soportar que me miren como si tuviera un problema… Y sí, quizás a partir de ahora, salga menos de marcha… Aunque eso puede considerarse hasta positivo porque no gastaré tanto dinero… Pero estoy segura de que echaré de menos no tener que dar explicaciones de si entro o salgo…

─ Pilar, yo…

Le hizo un gesto con la mano. Se la notaba arrepentida de todas las dudas que había ido manifestando en voz alta. Dudas que ella ya tenía en la cabeza pero que le costaba decir en voz alta.

─ Sí. Tienes razón. Es una mala inversión. Pero si tengo que invertir en algo y en alguien es en Luis y en nuestra relación. Porque tiene muchos defectos, yo incluso más… Pero, ¿En qué vamos a invertir si no es en nuestros sentimientos? Y los míos quieren despertarse cada día al lado de los suyos. Así que apuesto todo a una mala inversión.

─ Pues brindo por esa mala inversión que convierte a mi amiga en una cursi.

Se rió y levantó su cerveza. ¿Quién le iba a decir hace unos minutos que quedar con la tardona de su amiga y exponer todos sus dudas en voz alta le iba a ayudar a darse cuenta de lo que realmente quería? Apostarlo todo a un doble o nada, al caballo que sus amigos veían como perdedor, a una mala inversión… Para ella la mejor posible.

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