Una cita en Marte – @GraceKlimt

GraceKlimt @GraceKlimt, krakens y sirenas, Perspectivas

Desde que no estás, los hostales se burlan ventilando sus camas cuando me ven pasar. Ríen monstruosos enseñando sus secretos, y les veo crecer dientes y garras que serían capaces de devorarme si no aprieto el paso y salgo huyendo de sus fauces feroces, insoportables, de su aliento obsceno, irrespirable, de su interior anclado en el pasado, imperdonable.

Te fuiste, recuerdo que me dijiste que siguiese sonriendo, que la vida quería verme vivir. No me atreví a gritarte que yo ya estaba muerta, sólo pude prometerte que nunca se borraría mi sonrisa. Y aquí estoy, incumpliendo mi palabra cada día mientras te traigo flores marchitas y riego con mis lágrimas esta maldita losa que te cubre.

Qué absurdo es todo, tú fuera de este mundo y más vivo que nunca en mis entrañas, yo en este horrible planeta muerta en vida desde que no vives ya.

Ayer te vi pasar de la mano de otra, no te parecías en nada a quien fuiste, ni el color del pelo ni la mirada ni siquiera la estatura eran la misma de otros tiempos, pero eras tú, porque le puse tu cara a aquel extraño que paseaba despreocupado para traerte aquí de vuelta y al menos poder odiarte por no estar a mi lado. No sé si ha funcionado, porque tus huesos siguen pudriéndose ahí abajo, pero te siento un poco más cerca.

También te odié el día del adiós, y para que te quedase constancia aparecí en el cementerio tarde, altiva y con aquel ceñido vestido rojo que tanto te gustaba. Estoy segura que te removiste en tu ataúd, igual que lo hicieron todos cuando me vieron arrojar a la fosa nuestra colección de postales mientras te gritaba hijo de puta.

Hijo de puta, me fallaste. Me juraste que estaríamos siempre juntos. Me lo juraste una noche de invierno en que el vaho de nuestros alientos parecía humo de cigarro. Me lo juraste mientras volvíamos a casa borrachos, tambaleándonos y tomando aún la última copa por los callejones. Me lo juraste a voz en grito, y los gatos aullaban desde los contenedores de los patios traseros. Me lo juraste, hijo de puta. Y me fallaste. Y ahora qué.

Que a mí no se me abandona, que eso es inconcebible. Que no sé qué hacer ya en esta ciudad que se me ha vuelto inmensa. Que las calles me escupen tu ausencia en cada rincón en el que nos prometíamos huir juntos de este mundo, ¿te acuerdas?, tú querías sorprenderme, yo te dije que me bajases la luna, y tú riendo a carcajadas me dijiste que eso no era nada para nosotros, que un día tendríamos una cita en Marte. Que los semáforos se ponen en rojo cada vez que voy a cruzar, para recordarme que nunca más volveremos a besarnos en ellos. Que me traga el asfalto y continuar adelante se me hace penitencia. Que estás ahí, a unos metros de profundidad, y te siento a millones de años luz.

Que parece que te has ido a Marte sin mí.

Y que vuelvas, joder.

Que quiero despertar de esta pesadilla.

Y que vuelvas ya.

Que aún me debes esa cita.

 

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