Una carta sin remitente – @JokersMayCry

JokersMayCry @JokersMayCry, krakens y sirenas, Perspectivas

7 de noviembre del 2015
Iba a llamar, no sé a quién. Entonces me he sentido sola y el insomnio se ha complicado. Me he roto, demasiado, para hacerme compañía. Cada trozo es un fracaso y un reflejo de mí misma. Ahora me estoy esparciendo por este folio como el gas en una habitación cerrada. Dios entonces me hablará para decirme “hágase la luz” y todo explotará. No hace falta tener alas si tienes el impulso suficiente para volar por los aires cuando conoces la verdad. Las lágrimas caen por el lado del rímel y el cielo maquilla sus ojos con nubes, pero sus lágrimas son puras y vírgenes. Mi piel es un cementerio de tormentas de esperma y tengo el himen de la inocencia roto.
Lo siento, estoy escribiendo desde el fondo de la botella de whisky en un bucle de canción deprimente que me niego a pasar. Empezaré a probar otras drogas hasta ser feliz. Tal vez alguien entonces sí me coja el teléfono al saber que tendré una sonrisa. Quizá llegue antes una accidental sobredosis por inconformismo. De momento, mañana sólo tendré “rescaca” y hoy, una carrera en las medias en la que no veo la meta en mi piel. Los dedos veloces pueden llegar a un coño y dispararle a un corazón antes de que abra la boca con el primer latido para gritar “¡No!”. He sido tan lenta conmigo misma que el tiempo me ha comido. Siento cómo me rebaña a cada línea y pasa su lengua entre mis costillas. No se detiene porque se queda con hambre. Estoy vacía.
Mañana sonará el despertador y no tendrá lógica levantarse. Quizá lo único que tenga sentido, un verdadero significado, sea el hecho de que se me rompa la galleta mojada en el café y ese círculo de leche que queda en la mesa cuando levante la taza. Un recuerdo, un trauma de la forma de algo que ya no está. Puta nostalgia. Como estas líneas, como esta carta que no sé a dónde llegará. Es lo bonito de escribir, que se desprende tanto de la realidad que no sabes lo lejos que va a llegar. ¿Ves? No soy tan pesimista, he mentado al mañana. Pero a las 3:45 pondré un brazo en cada aguja del reloj y moriré crucificada. Las perras tenemos derecho a una eutanasia digna. Ladro por ella. Aúllo con las heridas abiertas y atraigo a los lobos. Soy Caperucita menstruando por el camino sin tampones en la cestita. Hay tiburones en frenesí nadando dentro de cada gota de sangre. Pobre lobo. Y me entretengo en coger rosas blancas que tiño de amanecer. Tras de mí nunca queda la huella, sólo una alargada sombra donde quisiera brillar la luna llena. Que se joda y se conforme con la noche.
Te escribo porque nadie me coge el teléfono, porque no hay una voz que me dé luz en esta noche donde me estoy columpiando entre la realidad y el delirio, donde los laberintos de este manicomio se tuercen hacia la ambidiestra del último aliento de la cordura y se retuercen, y se enroscan en caída espiral. Y me faltas tú en este sueño en el que me quedé sola luchando contra el insomnio porque tú quisiste despertar… y te veo deambulando sonámbulo por los tejados de la razón temiendo que te caigas de cabeza y me rompas el corazón. Lo prohibido está traficando con los 21 gramos de alma que le vendí al Diablo por alguien como tú. La distancia, el frío, los esnifará mientras le sangra la nariz y yo me saco los mocos que hay tras el llanto para pegarlos en el rincón de la derrota porque necesito un respiro. Y ahí tienes mi mierda de acción poética escrita en las paredes donde no cuelgan cabezas de trofeos. Mocos, poesía, humedad llorando por las grietas y arañas cazando moscas en los ángulos muertos de la razón. Telarañas que nos salen en la distancia de dejarnos al margen, en cada espacio de línea que te escribo, en cada hueco que hay entre el sueño y el despertar. Aquí estoy, escribiéndote, prostituyéndome. Hay que ser puta para vender mi orgullo a cambio de un cariño que ovaciona mi coño ovulador que sólo se humedece con la tristeza de un octubre que ha malparido un precoz otoño.
Quizá deba de irme despidiendo para que no se te alargue tanto esta carta como un mal insomnio.
Siempre tuya, porque no tengo voluntad propia.
Te quiere.
Mi “yo” enajenado.
P.D.: Contéstame desnudo, débil, frágil. No conviertas este amor en una batalla en la que hay que demostrar quién tiene el escudo más duro, porque yo tengo la espada más larga, oxidada y envenenada que puedas imaginar. Y no quiero metértela por el culo, amor.
P.D.2: O no contestes.
P.D.3: Siento escribir tantas postdatas, pero siempre hay más que decir.
P.D.4: Búscame entre tus remordimientos, allí encontrarás la dirección a la que escribirme.
P.D.5: Por el culo te la… Joder, que te quiero con ahínco…

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