Una canción que no me recuerde a nadie – @dtrejoz

dtrejoz @dtrejoz, krakens y sirenas, Perspectivas

“Escribiré una canción que
guarde el calor de mi mano sobre tu mano.
-Una canción que nos abrace y que no nos suelte,
cuando ya no estemos juntos”

 

Es curioso todo lo que puede guardar una canción, las diferentes épocas que pueden pasar por su melodía, como si las estaciones también fueran parte de la música.

Yo tuve una canción que me acompañó en todos los momentos de la vida, que me trajo y me llevó por tantos caminos como tardes de domingo, una canción donde guardé tantos recuerdos, tantos insomnios, tantos vacíos…acomodé en sus notas algunas noches junto al lago, mañanas frías y bostezos largos. La quería solo mía, cuando sonaba en la radio yo me apartaba para escucharla a solas, era un momento de egoísmo que no podría encontrar la forma de justificar.

Yo despertaba con esa canción, y anochecía.

Si tú no vuelves, se secarán todos los mares, y esperaré sin ti
tapiado al fondo de algún recuerdo”

Por alguna razón que no se puede explicar, escuché esa melodía y algo muy parecido a la química hizo que nos quedáramos unidos por la emoción… esa canción y yo. Formó parte de todas mis listas de reproducción. Una y otra vez me dejaba llevar por la sutileza que evocaba ocasos junto a un perro en algún paraje desconocido, era como el vaivén de las olas arrullando la arena del desierto, era creer y sentir, soñar y morir de sed, despertar de rodillas en el mismo centro de la tierra.

“Si tú no vuelves
mi voluntad se hará pequeña… me quedaré aquí
junto a mi perro espiando horizontes”

Yo amaba a ese perro. Le cantaba esa estrofa de la canción mientras le frotaba el cuello, y luego corría a buscar el trozo de palo que le arrojaba hacia la loma. La voz de Bosé le hacía un sonidillo de arreo al final de la estrofa, y yo trataba de imitarlo.

Para entonces, no vivía nadie en esa canción.

Un día crecí de pronto, el perro murió y ya no habían palos que arrojar. Pero entonces la canción conoció un rincón de Costa Rica del que ya no pudimos escapar: Playa costa de oro. Ahí la canción encontró un paisaje y un ocaso, encontró un lugar para volver.

Si tú no vuelves
no quedarán más que desiertos y escucharé por si
algún latido le queda a esta tierra”

Hay lugares con tanta nostalgia que acompañarlos con una canción es un monumento a la tristeza.

Un día, así como así, alguien más se quedó viviendo en la canción. Y no tuve forma de evitar que se quedara, como tampoco pude evitar que se soltara de mis manos, sencillamente un día se fue, y la canción no la olvidaba.

“Que era tan serena cuando me querías había un perfume fresco que yo respiraba
era tan bonita, era así de grande, no tenía fin…
Y cada noche vendrá una estrella a hacerme compañía
que te cuente como estoy y sepas lo que hay.
Dime amor, amor, amor, estoy aquí ¿no ves?
Si no vuelves no habrá vida no sé lo que haré”

Sus palabras me sabían tan bien… cada nota tenía un impacto en mis latidos, era llenarse de consuelo cada vez que la escuchaba, aunque doliera la tristeza y la agonía de no tenerla caminando de mi mano por la arena.

“Si tú no vuelves no habrá esperanza ni habrá nada
Caminaré sin ti con mi tristeza bebiendo lluvia…”

Hasta que un día tuve el valor para creer que sí la olvidaría, hasta se lo dije a la aurora con un toque de sarcasmo en el lamento.

Y así, sin planearlo, vuelve uno a encontrarse con toda la emoción que la canción le prometía, pero ya sin ánimo de recordar heridas, ya sin ganas de remover pasados, pero ya sin lluvias y café caliente, solo por el placer de sentirse humano. Y seguro es cuando la canción consigue ser perfecta, cuando llega al punto de ser una canción que ya no me recuerde a nadie.

– Qué triste va a sonar esa canción cuando ya no te recuerde…

 

Visita el perfil de @dtrejoz