Un Mundo Subterráneo – @alasenvuelo

Yamile Vaena @alasenvuelo, krakens y sirenas, Perspectivas

La mirada no podía ser sincera, pero yo no tenía manera de saberlo. Muchas cosas habían cambiado. No alcanzaba a comprender la profundidad del daño, la línea temporal, los fantasmas, el agujero negro, todo había sucedido demasiado pronto, demasiado “a tiempo”.

A ella la había visto en mis sueños. Los amores perfectos siempre empiezan así, en la imaginación. Muchas veces se quedan allí, con sus sonrisas perfectas, el cantar de voces cristalinas, miradas profundas, manos de caricia… El amor rara vez rompe la barrera del ensueño, pero lo hizo, la conocí, y fue inevitable.

El sueño esta vez, se  volvió pesadilla. No quedaba ya ni la sombra de lo que fue. Me miró con dureza y juraría que un poco de asco.

– Llegas tarde. –gruñó.

“Tarde”, pensé. “Poco te importa todo lo que hice para estar aquí.  Lo que te amo, la vida que se me desgarró, los mundos que se hundieron en el abismo, los monstruos en silencio, los pozos de aceite hirviendo de almas en gozo que dejé para ti…”

– Lo siento. –respondí sumiso. Y no mentía. Lo sentía de verdad. Sentía su furia, odiaba haber llegado tarde, haberme tropezado con la realidad aquel día, haber provocado el caos, haber decidido. Sobre todo, sentía haber accedido a crear el infierno y hundir en él todo lo que amaba.

Ella no respondió demasiado. Fue una mirada corta, que, por sólo un segundo, se despojó de reproches. Sólo por un instante me dijo: – No pasó nada. Aún importas – Luego el frío. Bajó los ojos y su atención me abandonó. Era la última mirada que me dedicaría ese día.

El castigo sería inminente. A estas profundidades, no quedaba mucho que esperar.

Me senté en la mesa donde estaba etiquetado mi nombre. ¿Con cuánto tiempo de anticipación habían hecho esto? Ellos lo había planeado con cuidado. Pasaron meses enteros decidiendo dónde iría quién, quiénes, harían qué y de qué manera los ritos antiguos lo cambiarían todo para siempre.

Miré con atención a mi alrededor. La mayoría conocía la entrada al infierno que esta ceremonia representaba, todos disimulaban con sus mejores garras, como si se tratara de ganarse el edén y la gloria a la vez. El sujeto estaba cavando su tumba en un mundo subterráneo, y nadie parecía querer hacérselo notar. El miserable ama la compañía.

¡Si no lo sabría yo! No hace mucho, antes de que todo cambiara, era yo el idiota enamorado en el traje de gala. Era yo el estúpido escogiendo flores y sabores de pastel, era yo el que no comprendía mi suerte al ver que un ángel deseaba ligar su vida para siempre a la mía…

El tipo es buen amigo. Pobre diablo. Otro iluso soltero que se casa, y desde mi propio infierno, no puedo lamentarlo menos. Ahora tendré un poco de compañía entre las brasas.

 

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