Un millón de extraños – @KalviNox

Kalvi Nox @KalviNox, krakens y sirenas, Perspectivas

Cae la noche y con ella llego cada día a casa, es hora de descansar y la lluvia invita a recogerse entre manta, velas y por qué no, entre letras. Me siento un momento después de preparar ese ritual de paz y no sé si escribir, o leer.

Decido escribir, porque hace noche de escribir, o describir, la noche que te conocí.

Soy de esa multitud de personas a la que le ha tocado amar sin conocer. Sí, lees bien, se puede amar sin conocer y aunque no lo creas, seguramente a ti te pase también.

Pues bien, después de muchos meses esperando para verte, llegó el gran día. No me vestí especial, yo diría que más bien normal, tampoco quería aparentar lo que no soy, quería causarte buena impresión.

Tengo que reconocer que estaba nervioso, mucho, porque los hombres, por muy hombres que sean también tienen miedo. Y tú me hacías tener todos los miedos que podemos tener. Sí, miedos del tipo de si seremos lo que se espera de nosotros, o si estaremos a la altura, o si haremos daño cuando las cosas no vayan todo lo bien que queramos, muchas veces con palabras que no queremos decir. También el miedo al rechazo, que a veces duele más que el rechazo en sí. Y muchos más, muchos.

Salgo a fumar entre miedo y miedo.

Amenazaba lluvia en ese 27 de septiembre recién estrenado, hacia fresco en la calle y decidí entrar, a seguir pensando en ti, a devorarme por dentro mientras llegabas. Te había hablado tantas veces que no recuerdo las miles que te besé sin que tú lo supieras, o a lo mejor sí, y el que no lo sabe soy yo. Da igual, miles. Aunque no contestaras como yo hubiese querido, ahí estaba yo, amándote a ciegas, loco por poder tocarte, por sentir tus manos, tu piel…

Sabía de sobra que en cuanto te viese me quedaría embobado mirándote, intentando descifrar cada uno de tus gestos para saber qué quieres. Ese era, es, y será mi mayor reto. Recuerdo aquel día que no quería hacer planes contigo, porque quería una vida junto a ti. Ya me dolías antes de estar, y siempre duele cuando me faltas.

Me avisan de que ya llegas, y termino de hacerme un manojo de nervios. No sé en qué momento dejé de aguantar la respiración. Supongo que en el momento en el que mis pupilas se clavaron en ti, en ese en el que te tuve en mis brazos, en ese, en el que se te escapan las lágrimas porque tienes lo que más quieres frente a frente. Pues sí, es sin palabras cuando se siente el amor más puro que existe. Besos, muchos besos.

Son las 03:45, y era muy buena hora para empezar a vivirte. A esa hora deje de ser egoísta, a pensar poco en mí y casi todo en ti. Aún lo hago. Es lo que tiene ser padre. Es lo que tiene que tu llegada me cambiara la vida. Gracias.

Los días siguientes a tu llegada, mientras paseaba entre un millón de extraños, pensaba en ti, y resulta que es algo que ya no he dejado de hacer ni creo que haga, porque si ya te quería sin conocerte, imagínate ahora.

Guardo lápiz y papel, la vela está a punto de consumirse. Es hora de dormir, y no hay mejor forma de hacerlo que sonriendo mientras piensas en quien quieres, y en los besos que le guardas.

 

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