Un día de ira – @KalviNox

Kalvi Nox @KalviNox, krakens y sirenas, Perspectivas

Amanece.

Vaya, me he dejado la persiana abierta y el sol me deslumbra. Me levanto, no recuerdo con qué pié.

Es lunes, las siete y media de la mañana, voy medio dormido hacia la ducha. En medio de ella me doy cuenta de que no hay jabón. Joder. El agua caliente se acaba, el cabrón de mi compañero de piso se ha dormido bajo el agua. ¡Joder!

Salgo, me visto medio helado y me dispongo a desayunar, hostia, no hay café ni pan de molde. ¡Maldito aprovechado!

Bah, voy a desayunar al bar.

Bajo las escaleras con prisa, seguro que ya llego tarde al trabajo, si me doy prisa llego al bar de la esquina donde tan buen café y tostadas hacen y me alegro el día. Vaya, el gilipollas de mi vecino y su perro que me tiene manía me esperan en el rellano del primero.

-Buenos días, vecino.

Buenos días, contesto con cara de asco mientras evito que el jodido perro me muerda la pierna.

Qué asco de lunes.

Sí, un asco, porque nada más salir piso una caca de perro que seguramente sea del gilipollas de mi vecino, el cara tonto. La virgen santa, si le veo, se la traga.

Llego corriendo y limpiándome en los bordes de la acera hasta el bar, ¡toma ya!, cerrado por reformas. Ya sí que llego tarde.

Suena el móvil, vaya, por lo que se ve mi jefe se ha levantado cabreado y se va a descargar gritándome. Genial.

-Ya mismo llego, Don Anselmo. Le cuelgo.

Voy hasta el coche. Ya ni desayunar ni hostias, y con éste tráfico ya llego tardísimo. Qué sorpresa, una multa de la zona azul.

Esto es para mearse y no echar gota.

Arranco con prisa, y todos los semáforos en rojo. Para más inri, el capullo del bloque de enfrente con su Seat León amarillo y su música pachanguera pitándome por detrás.

Me bajo.  Voy hasta su ventanilla, le miro y con un gesto de mentón le digo: ¡QUÉ!

-Nada, nada, perdona, tío.

¡AH!

Vuelvo al coche y después de media hora de semáforos y todos los conductores más torpes que haya en este planeta, llego al trabajo. Tarde.

-Qué, nos hemos quedado un poco dormidillos, ¿no?

-No, Don Anselmo, había mucho tráfico. (Le contesto mientras pienso cómo de bonito estaría rodando por las escaleras de la oficina.)

Ya casi es hora de salir, nada ha salido bien en el trabajo. Normal.

-Oye Jose, hace falta que vayas ahora a mi casa y me instales unos programas.

¿Qué?, yo no puedo.

-Pues vas a ir.

Sí claro, Don Anselmo, y ya de paso le diré a su mujer que llega usted tarde porque se está follando a la chica del estanco cuando cierra, claro, iré.

-Emmm, mejor otro día, vete a casa.

Eso.

De vuelta a casa, hago la compra y como no, el gorrilla del parquin me pide un euro por protegerme el coche.

-Te voy a dar una santa polla, como toques el coche te reviento.

Mano de santo.

Llego a mi portal, vaya, mi vecino y su perro haciendo caca. La deja ahí. Saco un pañuelo, la recojo y mientras se la meto en el bolsillo le digo al oído: la próxima vez, te la tragas.

Hasta el perro se ha asustado.

Subo a casa, cierro la puerta, tiro las llaves y ahí está, el aprovechado de mi compañero de piso preguntando qué he traído para cenar.

-¿Que qué he traído para cenar? ¿Tú has comprado algo?

No, es que…

-Pues eso vas a cenar. Y como toques mis cosas, te parto la cara.

Mientras mi compañero baja a por un kebab, me preparo la cena y tranquilamente, después, descansando en mi sillón, pienso en todo este maldito lunes y en que lo que llamamos un día de ira, quizás sea poner cada cosa en su sitio.

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