Turno de noche – @LaBernhardt

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Una mentira no es mentira si te la crees…

…por eso me monté una con sentido; Malena se la creyó y yo me la creí, bueno, al principio dudé de su efectividad por lo básica que resultaba.
El finde del 27 me voy a Madrid porque quiero ver a Miguel Ángel, que hace mil que no nos vemos, una noche de viejas glorias, ya ves tú. A Malena le hizo ilusión porque a mí me brillaban los ojos, qué genial, ve y pásalo de maravilla con tu Miguel Ángel. A mí no me tembló la voz mientras aseguraba cuántas ganas tenemos los dos de esta quedada. Tampoco me tembló el mundo mientras la abrazaba, qué bonita eres; un día te lo presento y verás qué increíble es Miguel Ángel.
Conclusión primera: una mentira creída nos hace de invencibles frente a los temblores del arrepentimiento.
Lo de cambiar el turno en el hospital fue fácil, bendito dinero que todo lo soluciona, porque pagué mi turno de noche a precio de guardia en julio.
Conclusión segunda: esta mentira recién nacida tiene un hambre tremenda y engulle otras mentiras para crecer.

…Antes de una mentira hay una solicitud de amistad en Facebook…

…que yo no esperaba, lo juro. Yo salí una noche de cañas con éstos y en La Corra me la encontré. Hacía como 20 años que no nos veíamos porque se fue a vivir a Madrid y le perdí la pista.
Hablamos como se cuentan la vida quienes han sido novios a los 20. Nos reímos de nuestros divorcios a la cuarta cerveza. No le hablé de Malena y por qué iba a hacerlo si no estamos casados ni vivimos juntos ni tenemos hijos. Por qué hablar de la chica con la que soy feliz desde hace 4 años.
Volví a casa pensando que Raquel estaba muy muy buena para sus 45. Me toqué la puta barriga y pensé que el lunes iría a apuntarme al gym. Me hice una paja y eché de menos a Malena.
El sábado me desperté con la solicitud de amistad de Raquel. Cuatro o cinco mensajes con ella, te paso mi wassap, mejor. Buenos días a Malena y ducha. Me sentí pletórico.
Conclusión tercera: la mentira hace sonreír.

…Los turnos de noche no son tan feos si alguien te manda mensajes…

…que yo no leo mientras curro, claro. Pero que sé que están y de quién son. De repente me encuentro contándole a Raquel quién es Conrado, uno de mis pacientes. Me la lía siempre: no hay guardia en la que esté yo que él no se ponga a morir. Yo le digo que lo nuestro es imposible porque a mí me gustan las tías. Él siempre me dice que me perdona porque Malena es un ángel.
Esto último no se lo cuento a Raquel.
Pasan tres semanas, dos crisis gordas de Conrado superadas, 3 turnos de noche que me dejan K.O, 267 mensajes de WhatsApp con Raquel y la mentira tan gorda ya que apenas cabe en mi piso.
Malena, como dice Conrado, es un ángel. Tiene la mala costumbre de aparecer en mis días salientes con un desayuno que te cagas de bueno. Llega a casa hecha sonrisas y huele tan bien. No tiene las tetas que le intuí a Raquel y que sé seguro no son las que yo disfruté hace 20 años. Ni se machaca en el gym como Raquel. Ni es rubia con pelazo. No sabe dibujar porque no es arquitecta.
Malena me cuida y me hace el tipo más feliz del mundo. Me río con ella y follamos para premio, si hubiera un concurso de mejores polvos.
No sé por qué he quedado con Raquel en Madrid. Tengo sueño. Desayunamos Malena y yo, me arrastro a la cama y noto que le habla a mi espalda: venga, que lo malo de la noche ya se ha pasado y en dos días te vas a Madrid.
Lo último que hago es sonreír. Soy un miserable.

…Los mentirosos viajan en AVE…

…porque en mi caso no tengo coche. El tiempo que tardo en llegar a Atocha lo reparto entre Germán que será yo en mi turno de esta noche, Malena que me escribe besos y sonrisas y Raquel que me confiesa estar tan nerviosa como el día de nuestro primer polvo a los 20.
Yo soy un mierdas que llega a Madrid hecho un puñado de nervios.
Quedamos en un bar y finjimos ser amigos hasta las 6 de la tarde.
Acabamos follando en su casa.
Mando algún mensaje a Malena, desde una cama que no es la nuestra, desnudo y con una rubia que medio duerme, a mi lado.
Cenamos algo y echo de menos la torpeza de Malena preparando cosas en la cocina.
A Raquel no le gusta Vikingos y vuelvo a echar en falta a Malena, que se tapa la cara mientras la vemos y me dice que un día la tele salpicará sangre.
Volvemos a la cama y aunque follar con una ex está bien ese cuerpo ya no es casa.
A las 03:42 me llaman del hospital, que lo siento, compañero, dice Germán, pero Conrado ha entrado en parada y no lo ha superado.
Me quedo mirando el móvil, hostias, Conrado, tenías que morirte conmigo. Quiero llorar pero no es mi casa ni mi cama ni mi vida. No me pasa nada, le digo a Raquel, movidas del turno de noche. No puedo llorar.
Conclusión cuarta: la mentira se come tus lágrimas.

…Mi vida está en dirección contraria a Madrid…

…eso ya lo sabía yo, sí, pero a veces soy un cretino y tengo que aprender de noche. Mi domingo empieza justo cuando ocupo mi asiento. No recuerdo cómo he salido de casa de Raquel, ni del taxi. Sé que le he mandado un WhatsApp a Male: necesito abrazarte, hadita. Conrado ha muerto. Dejo Madrid ahora mismo.
Nos vemos a las 5 en casa, ¿por favor?
Y como las cosas buenas, su mensaje llega lleno de sol y me sonríe la pantalla del móvil, claro que sí, chicoguapo; llevo una cena rica y te beso. Te beso mucho.
Raquel me manda algo. Luego le contesto.
Pasaré por el hospital, quiero que me cuenten lo de Conrado.
Malena me manda el fado de Amàlia Rodrigues, Estranha forma de vida, y sé que ya estoy en casa, aunque queden dos horas para llegar.

 

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