Turista emocional – @Contradiction_

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Para mi hay dos formas de hacer turismo.
La primera forma consiste en llegar al lugar al que tanto ansiabas ir, ese en el que te habías imaginado tantas veces, armado con el pack del gran turista. Lo llevas todo:

-Horarios de todos los museos.

-Monumentos importantes.

-Calles famosas.

-Restaurantes de moda.

-Bares de moda.

-Tiendas de moda.

-Mercadillos famosos.

-Horaria estructurado para poder verlo todo.

-Gastos controlados.

-Cámara de fotos.

Plano de metro, bus, tren y rutas para llegar a los sitios más rápido.

Será un viaje maravilloso, seguramente te vayas a casa contando lo genial que es todo y no conseguirán pillarte en un despiste, has visto todo lo que tenias que ver.

Pero no tienes ni puta idea de cómo es la ciudad, de cómo vive la gente, cómo andan, cómo miran, qué comen, qué bailan, de qué ríen o qué les entristece.

No te has enamorado de sus calles sucias y ruidosas, no has sentido miedo dónde sus ciudadanos lo sienten. No sabes cómo llegar a ningún sitio si te quitan tu mapita porque no tenias tiempo para perderlo en mirar por dónde ibas. Eso sí, has visto todos los monumentos y un montón de museos, seguramente más que aquellos que llevan viviendo toda su vida allí.

La segunda forma consiste en llegar al lugar al que tanto ansiabas ir, ese en el que te habías imaginado tantas veces, armado con el pack indispensable:

-Dónde está tu hotel.

-Mapa de la ciudad.

-Plano de metro, bus y tren.

-Esquema con los sitios a los que todo el mundo va.

-Cámara de fotos.

-Dinero.

Será un viaje increíble, volverás cambiado, te sentirás que formas parte de ese lugar el resto de tu vida, lo echarás de menos, no podrás ocultar la emoción cuando tengas la oportunidad de hablar con alguien que también se sienta de allí, recordareis como viven sus gentes, como se mueven, como sienten, la comida, los olores, los lugares recónditos. Esas calles realmente feas que daban a otras realmente bellas, esas tienditas de barrio y esos grandes almacenes donde te perdiste.

Nunca serás la misma persona que antes de irte, ahora perteneces a más sitios, a más gente. Sentirás una especie de vergüenza mezclada de orgullo cuando alguien te recrimine no haber visitado ese museo tan famoso o no haber tenido tiempo para ver esa escultura a la que todo el mundo va a tomarse fotos. Vergüenza por la mirada de desaprobación que te lanzaran aquellos que preguntan y orgullo porque sabes que tu no has visto un museo pero has vivido en ese lugar.

Lamentablemente, con las personas pasa como con los lugares.

Algunos hacen turismo emocional, se pasean por una persona con las ansias de quien va a todos los museos y monumentos. Visitan todos los recovecos, trastocan todo el orden, dificultan la vida normal y convierten a esa persona en un hotel donde pasar el tiempo hasta que toca marcharse y volver a la realidad.

Nunca se quedan porque nunca llegan a conocer nada que pueda enamorarles. No te puedes enamorar de lo que no recorres de verdad. Es imposible entender lo que no ves, no tocas y no sientes.

Claro que el cuerpo lo tocan, de todas las maneras posibles, como si se tratase de un montón de monumentos de obligada visita, pero con un cuerpo no vale.

Los turistas emocionales no quieren saber cuales son tus sueños, tus miedos, tus heridas, tus pasiones. No les interesa qué te quita el sueño ni qué te da vida. No entienden de rutinas, de momentos, de cicatrices. Solo quieren poseer la prueba de que estuvieron en ti. Da igual si jamás supieron quién demonios eras tú.

Otros en cambio, entran en tu vida con la intención de conocer todo, la luz y la oscuridad. Quieren saber cómo vives, cómo sientes, qué sueñas, de qué huyes, a quién quieres y a quién odias.

Te piden que les abras las puertas de par en par solo para tomar asiento y escuchar. Observan tu rutina, tus pasos de baile al son de tu vida, tu banda sonora. Estudian tu risa y tu llanto. Son el tipo de turista que vienen porque quieren ser parte de tu historia, aunque su tiempo en ella sea limitado.

El primer tipo está bien si estás en esos momentos de la vida en que solo quieres ser estación de paso, pero el segundo tipo es el que te acompañará en el viaje.

 

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