Tres balas – @relojbarro

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03:03h. Se había imaginado alguna vez en esa situación, nunca en ese escenario.

Noche, habitación a oscuras, tormenta, tres metros lo separaban de la lluvia liberadora. Lo supo entonces, nunca volvería a pasear bajo el sol, y nunca deseó tanto tocar la lluvia como en ese preciso momento, hasta creyó notarla en sus dedos un instante. Todo lo veía en blanco y negro hasta bajar la vista y ver su mano intentando retener un rojo, irónicamente, vivo. Un rojo casi tan siniestro como el del cadáver de su lado.

Tres balas en la recámara, ya estaba muerto.

Un láser cruza la habitación buscándolo a través de la ventana, él apunta preciso a su origen. Un enemigo menos, una bala más cerca de su muerte.

03:03h. Su mente viaja tres semanas atrás, cuando conoció a la chica, conociéndola él a ella, escondiéndose él de ella tras bromas y flirteos. Nadie cambia, se adapta al medio, pensó.

Recuerda, como si hubieran pasado años, abrirle la puerta de su casa hacía tres noches, empapada, pero sonriendo nerviosa. Recuerda despertarse con ella a su lado, asfixiándose, ahogado de una sensación vagamente familiar que creía prohibida, sintiéndose preso fuera de su cárcel de barrotes de soledad, celda cómoda, hogar seguro. No pasan ni tres horas de haberse acostado con ella cuando la echa a medio vestir, tres horas tarde, pensó, seguro de que el marido compartía su opinión.

Mientras está absorto, el marido entra por la ventana y se abalanza sobre él con ojos inyectados en sangre, una bala menos, ya no distingue qué rojo es el suyo.

03:03h. Una sombra avanza hacia él, intenta quitarse el cuerpo inerte de encima, pero no le queda fuerza suficiente. Conforme la sombra se define, una idea nace y coge forma en su mente, mientras se ve nuevamente en una batalla desesperada con su ejército de un solo hombre, en una guerra que ni existe, que él crea de la nada. Empieza a oírse a sí mismo «Ella no», su corazón suplica «Ella no», sabe que la matará sin más, por supervivencia, por instinto. No le queda alternativa, levanta el arma…y dispara al suelo, salvándola, salvándose.
Un cañón frío besa su frente anunciando muerte, levanta la cabeza y hasta sus ojos intentan mentirle, cree. Se ve a sí mismo apuntándose con una sonrisa de desprecio. Un silencio absoluto precede al disparo.

03:03h. Abre los ojos, alguien llama a su puerta. La ve al abrir, empapada, pero sonriendo nerviosa. Un escalofrío recorre su cuerpo, una sonrisa de alivio surge momentáneamente de sus labios, tras entender que una nueva oportunidad se le brinda…justo antes de decidir dejarla entrar, y cerrar la puerta tras ella.

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