En teoría – @kike_vasallo

Enrique Vasallo @kike_vasallo, krakens y sirenas, Perspectivas

En teoría él había ido a surfear, pero sin embargo las cosas salieron de otro modo.

Estaba, como cada día, sentado en su terraza favorita de cara al mar. La marea estaba subiendo y había el viento propicio para que las olas no rompieran chapando sino que hacían hermosos tubos por los que surfear.
Tenía la piel morena y curtida por el viento, el Sol y el mar, sus ojos marrones, profundos como el océano que observaban, tenían un brillo especial. Una pipa colgaba sujeta entre sus muelas mientras el humo salía en bocanadas por la rendija de una leve sonrisa torcida.
Hacía cinco días, cabalgando una ola, se había cortado el muslo derecho con la quilla de su propia tabla.
La aparatosa herida le impedía surfear pues era en su pierna derecha sobre la que descargaba todo su peso en el centro de la tabla así que se pasaba las horas muertas sentado en la terraza de ese bar fumando en pipa y tomando café con hielo mientras la miraba surfear.

La primera vez que la vio fue el mismo día en el que se cortó la pierna. Él ya estaba dentro del mar, sentado en su tabla buscando un pico que diese unas buenas olas, cuando la vio entrar en el agua y ponerse a remar en su tabla hasta llegar cerca de donde estaba él.
Ella sonrió y siguió nadando un poco más profundo.
Ella surfeaba de un modo que sólo podía explicarse con un ápice de locura. Surfeaba como loca, y surfeaba bien. Subía y bajaba de las olas hacíendolas suyas, domando al animal más vivo y más indómito como si fuese la cosa más fácil del mundo. Y sonreía.
Ella fue quien le ayudó a salir del agua cuando se cortó la pierna.

Llevaba mirándola cuatro días y ella lo veía en la terraza, sabía que la miraba porque alzaba la cabeza sonriendo hacia él cada vez que cogía una ola de esas que te ponen el corazón a mil. Era perfecta, y era como el mar. A veces calmada y otras era la peor furia que pueda uno imaginarse.
Se estaba enamorando tal y como se había enamorado del mar hacía tanto tiempo atrás. Y él lo sabía pues la miraba con los mismos ojos con los que miraba al mar.

En teoría él había venido a hacer surf y había terminado enamorándose.
Todavía no había hablado con ella desde el día del accidente. Tan solo entrecruzaban miradas y sonrisas.

La herida del chico se infectó y acabó en el hospital.

La chica no le vio en la terraza aquel día.
Surfeó preguntándose por qué no había hablado a aquel chico antes.
Y surfeó mal. Y una ola por las que su locura hacía oídos sordos a su cordura la derribó de su tabla y con la fuerza que llevaba soltó el invento que la ataba al pie.
Logró salir a la superficie pero estaba en mitad de la serie y la corriente la llevaba a las rocas. Sin la tabla trató de luchar contra la fuerza de su indómito mar, pero cuanto más luchaba más se hundía. La última vez que consiguió salir a la superficie miró a la terraza por última vez y sonrió.

El chico salió del hospital dos días después y fue directamente a la terraza del bar. Se sentó y pidió un café con hielos mientras se preparaba una pipa.
Cojeando fue hasta una mesa cercana para coger el periódico del día.
Mientras volvía a su mesa miró al mar buscándola pero no la vio.
Se sentó y leyó la primera página: Hallado el cuerpo de la joven ahogada antes de ayer.
Cerró los ojos tan sólo para volverlos a abrir a los tres segundos llenos de lágrimas para mirar al mar y reprocharle haberse llevado a la chica que amó.

 

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